sábado, 29 de febrero de 2020

Pensamiento y Paz


Eres lo que piensas o piensas lo que eres. No podemos ser otra cosa y aunque lo intentemos nuestras acciones nos delatan. “Porque de la abundancia del corazón habla la boca”, nos recuerda Jesús en Mateo 12:34. Si un hábito debe ser cambiado, si la angustia debe cesar o si el comportamiento debe mejorar ha de iniciarse por un cambio de pensamiento. Los psicólogos parecen estar más interesados en cambiar el malestar provocado por los pensamientos que los propios pensamientos. Para que nuestros pensamientos llenen de paz la existencia algo más que terapias psicológicas se han de dar. C. S. Lewis afirmó que “el dolor es el megáfono que Dios utiliza para despertar a un mundo de sordos”. Si el dolor o falta de paz nos lleva a Dios creo que es buena cosa.
Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. (Isaías 26:3)
El profeta Isaías nos lega una promesa de parte de Dios: Tú (Dios) guardarás en completa paz. Es una promesa de plenitud que nos asegura que Él nos guardará, no hay nadie en todo lo creado que pueda hacerlo como Dios, y que lo hará en completa paz. Por otro lado, la promesa es restrictiva porque se ofrece sólo a aquellos que confían en Dios y lo muestran pensando constantemente en Él. El más alto grado de pensamiento que un ser humano pueda tener es acerca de Dios. Todo pensamiento centrado en otras cuestiones, por muy lícitas que sean, quedan a la altura de una babucha al compararlas con la meditación en Dios. Sin ese pensamiento centrado en Dios no puede existir la paz en el hombre.

La paz que Dios nos quiere dar no es simple bienestar emocional y físico. Eso es lo que ofrece la práctica del yoga, diferentes terapias psicológicas, algunas religiones y diferentes fármacos. La paz de Dios es mucho más trascendente y necesaria para cada uno de nosotros. La paz de Dios se humanó en Jesucristo. La profundidad de esa paz llega a liberarnos de las cargas emocionales y el pecado por medio del perdón y la restauración. En este caso todo lo hizo Dios por medio del sacrificio de Su Hijo en una cruz: Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo (Romanos 5:1). En resumen, Jesús pagó con Su vida para tornar nuestro estado de condenados a un estado de justos. La paz que se establece con Dios es eterna. Querido lector, busca esa paz con Dios a través de Jesucristo. Él allanó el camino a Dios. Arrepiéntete de tus pecados y pon tu fe en Jesucristo. Confía y persevera pensando en Él permanentemente. Si no atiendes a este consejo desgraciadamente no hallarás la paz aquí ni en la eternidad. Tú eliges, cielo o infierno.

Centra tu pensamiento en Dios.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

sábado, 22 de febrero de 2020

No Hay Justicia


Las personas no reciben la justicia que demandan o merecen porque no hay justicia en este mundo. Es tan profunda la corrupción del ser humano que es imposible que una persona quede satisfecha con la justicia que imparten los tribunales. La razón es obvia: el que busca justicia y los que la imparten son personas con corazones tendentes al mal. Por muy bien redactada que esté una ley, nunca satisfará plenamente a las partes en litigio. Esta semana pude hablar con dos mediadoras en asuntos legales que, además, eran abogadas. Me llevé una gran sorpresa cuando una de ellas aseveró, sin dejar lugar a dudas, lo siguiente: “Aquí no hay justicia”, refiriéndose a los juzgados. La otra mediadora apoyó la frase sincera de su colega vívidamente. Es por eso que se dedicaban a la mediación dado que el grado de satisfacción de las personas al buscar la justicia acababa en total frustración. Ellas mismas estaban tentadas a “colgar la toga”, en sus mismas palabras.
Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo. (Mateo 15:14)
Los fariseos, religiosos de la época de Jesús, vivieron una vida tan incoherente que se asocia ser fariseo con ser hipócrita. Los hipócritas, en la antigua Grecia, son como se conocían a los actores teatrales. El fariseo era un actor que representaba una vida que no se correspondía con su prédica. Jesús les llama ciegos, no sólo a ellos, sino a todos aquellos que se dejan guiar por esos actores incongruentes. El destino final será el caer en el hoyo o en la trampa. ¿Qué se puede esperar de semejantes tipos que se auto engañan y se dejan engañar? El problema de la falta de justicia es el corazón del hombre: Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias (Mateo 15:19). Los fariseos se preocupaban por lo externo descuidando lo interno. Ponían como prioridad su apariencia, olvidando la espiritualidad. Si el corazón está podrido el look también, por muy a la moda que nos presentemos. De corazones corruptos no puede jamás salir una justicia que satisfaga totalmente a todas las partes. De personas que aman el qué dirán por encima de auto examinarse, no saldrá jamás justicia real. Es imposible.

Para que se dé la justicia real alguien debe morir. Sí, alguien ha de morir. Alguien tiene que morir a su vanidad, a su orgullo, a su deseo de justicia, a su sed de venganza… En fin, alguien ha de estar dispuesto a pagar el precio por sus malas acciones y por las malas acciones de otros. Se sea víctima o agresor se tiene que pagar el precio. Eso es una utopía en este mundo lleno de pecado. ¿Cuál es el precio? EL PERDÓN. El perdón es la solución a la falta de justicia. Este perdón hay que ejercitarlo hasta el punto que llegue a no afectar la agresión ni al agresor ni a la víctima. En ese estado de perdón llega el olvido de la afrenta y la reconciliación. Repito: Eso es una utopía en este mundo lleno de pecado. En ese mar de injusticia resplandece la justicia de JESUCRISTO. Él no es un guía ciego. Él es la Luz de este mundo. Al confiar en Jesús sé que no caeré en el hoyo ni en la trampa. Querido lector, si quieres verdadera justicia tienes que ponerte a cuentas con Dios por medio de Jesucristo. Él satisfizo plenamente la justicia divina al morir por ti y por mí en la cruz. En ese lugar de muerte se haya la justicia real para esta sociedad injusta. Jesús, el Justo, dio Su vida por los injustos. Él, que no pecó jamás, sufrió por nuestros delitos, pecados e injusticias. Hoy te llamo a buscarle de corazón. Hoy te llamo a arrepentirte de tus pecados. Hoy te llamo a seguir a Jesucristo. ¿Seguirás escondido en tu propia justicia injusta?

Busca el perdón de Jesús.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

sábado, 15 de febrero de 2020

La Cultura de la Muerte


Aborto libre, relaciones estériles y eutanasia legal son los signos de haber llegado a lo más bajo en el escalafón de la inmoralidad y el libertinaje. Ahí ha llegado mi querida España. La lascivia por el poder de la mayoría de los políticos, la insensatez de la mayoría de ciudadanos y desechar a de Dios nos están matando. Vivimos en la dictadura de las mayorías, No te preocupes por  el cambio climático, no te matará, ¡te asesinará el gobierno! La vida ha dejado de protegerse desde su concepción y acabará antes de lo prefijado por Dios gracias a las mayorías. Violentar la vida es el último peldaño para afrentar a Dios tomando el lugar que sólo le corresponde a Él. Los políticos y sus acólitos están decidiendo quién vive y quién muere, usurpando el terreno de Dios. Se creen dioses pavoneándose de ello.
Porque raíz de todos los males es el amor al dinero. (1 Timoteo 6:10a)
La causa de revolcarse en el estiércol nauseabundo de la cultura de la muerte es muy sencilla y evidente: EL AMOR AL DINERO. La casta ama de forma enfermiza el dinero porque es lo único que los empodera. Si el aborto libre, la sexualidad estéril y la eutanasia legal les llenan los bolsillos de pasta, ellos viven en el mejor de sus sueños. El amor al dinero de algunos nos va llevando a la penuria económica y moral. El pecado de una nación como España no quedará sin castigo. Y todo por la pela.

En Dios hay esperanza. Jesús se llegó a la Tierra para mostrarnos que estamos podridos y le necesitamos. Muriendo en una cruz para pagar el precio de nuestros pecados abrió la puerta por donde liberarnos de las vanidades de este mundo. De Dios tenemos está preciosa promesa: Todos los reyes se postrarán delante de él; todas las naciones le servirán. Porque él librará al menesteroso que clamare, y al afligido que no tuviere quien le socorra. Tendrá misericordia del pobre y del menesteroso, y salvará la vida de los pobres. De engaño y de violencia redimirá sus almas, y la sangre de ellos será preciosa ante sus ojos (Salmos 72:11-14). Todos, mandamases y mandados, se arrodillarán ante Jesucristo, por lo tanto, clama a Dios, cree en Jesús y arrepiéntete de tus pecados para ser salvo porque de lo contrario, no tendrás a nadie que te auxilie, te muestre misericordia, te salve y, ante tu asesinato legal, sea tu sangre preciosa para él.

¡Clama a voz en cuello!

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

sábado, 8 de febrero de 2020

Conocer a Jesús No Sirve


Muchos  dicen conocer a Jesús. Afirman que fue un gran maestro, un profeta atípico, un buen líder, una inspiración fresca, un personaje admirable y, otros, los más atrevidos, se atreven a designarlo como Dios. Todos los apelativos anteriores dados a Jesucristo, aunque ciertos, eluden el meollo de quién era realmente Jesús. Cristo es una Persona tan importante que definirla con un solo adjetivo es quedarse corto. De hecho, la Biblia le nombra de muchas formas porque es imposible, con lo limitado de una palabra, acotarlo. Ahora bien, cuando Él decidió pisar esta tierra y caminar entre nosotros eligió un Nombre: JESÚS. Este Nombre nos mostraría lo que necesitamos saber sobre Él para tener una relación plena con Dios.
Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos. (Hechos 4:12)
Puedes tener un conocimiento teórico exhaustivo sobre quién es Jesús y no apreciar cuánto lo necesitas. El Nombre de Jesús significa SALVADOR. Tu concepto de Jesús puede estar bastante cercano a quién es Él pero hasta que no te rindes a la evidencia de Su misión, tu conocimiento de Él no sirve de mucho. ¿Cuál es Su misión? Salvarte. Por eso eligió llamarse SALVADOR. ¿Salvarte de qué? De la muerte que causó tu pecado contra Dios. Pero entender que Él vino para librarte de la muerte y del pecado tampoco hace mucho por salvarte. Para que Jesús pueda cumplir Su misión salvadora en ti debes confiar (fe) que Su muerte, que pagó por tus pecados en una cruz, dejando tu expediente impoluto, es suficiente para salvarte. No hay otro Nombre en toda la creación que nos pueda salvar de las consecuencias de nuestros pecados: solo JESÚS, SALVADOR. Arrepiéntete ante Dios de tus pecados con toda tu mente y con todo tu corazón y Jesús se transformará para ti en un Ser real, no estereotipado.

Mi madre, mayor y con achaques, encuentra alivio en Jesús. Es para mí un gozo ver cómo reacciona al leerle la Biblia, la Palabra de Dios. El Nombre de Jesús resuena en su mente cansada y hace que sus recuerdos vuelvan por un instante. Le canto canciones de su época que hablan sobre Jesús y ella escucha. He aquí la letra de una de ellas que exalta, como no podía ser de otra forma, a Jesús, a quién mi madre y yo amamos profundamente. No se trata de conocer a Jesús, se trata de amarlo de corazón y proclamar Su Nombre por puro agradecimiento.
Jesús, Jesús, Jesús.
Es el Nombre que mi corazón ama,
Que mi lengua proclama,
El Nombre de Jesús.
Es el Nombre de un pueblo redimido
Que canta agradecido
Al Nombre de Jesús.

Haz tuya esta canción.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

sábado, 1 de febrero de 2020

Distopía Infernal


La distopía es una concepción del futuro donde todo lo malo se hace realidad. La literatura y el cine se han hecho eco de ello. Como ejemplos hallamos la novela titulada 1984 del escritor George Orwell o Blade Runner, dirigida por Ridley Scott. Ahí se nos presentan sociedades futuras con leyes liberticidas, falta de recursos y amorales. La ley de Murphy se cumple estrictamente en las comunidades distópicas: Si algo puede salir mal, saldrá mal. Creo que no son tan desacertadas esas visiones negativas del futuro. El ser humano, de una forma u otra, consciente o inconscientemente, sabe que el futuro no le depara nada bueno.
Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego. (Apocalipsis 20:15)
La Biblia encamina a cierto tipo de personas, los que no aparecen en el libro de la vida, a una distopía real: el infierno. Si preguntas por qué has de salvarte de la quema una respuesta idónea y legítima es librarte del infierno. En la Biblia se describe el infierno como un lugar indeseable y eterno. Todo lo malo que has temido se hace realidad eterna. La distopía imaginaria más extrema es rebasada por la horrible realidad que espera a los habitantes del infierno. No hay consuelo, no hay esperanza, no hay vida. El sufrimiento es constante, la oscuridad es palpable, la soledad insufrible. ¿Quién no querría escapar del infierno? Corazones vendidos al pecado que hallarán su recompensa cuando mueran y ardan bajo autoacusaciones de haber rechazado el escape.

Aquí y ahora hay esperanza de librarse del infierno futuro. La oportunidad existe mientras transites por este mundo, después se cierra la puerta. Es urgente que tu nombre sea anotado por Dios en el libro de la vida. Tu pecado ha provocado la ira justa de Dios y has llegado a ser merecedor del infierno. Dios es Santo y no puede tolerar el más mínimo pecado en Su presencia. ¿Cómo te salvas? Por desgracia, no puedes hacer nada. Ahora bien, por gracia, la divina, hay esperanza para ti. La única forma de ser inscrito en el libro de la vida y librarte del infierno es Jesucristo. Él pagó el precio que no podías pagar por tu rescate en una cruz, dando Su vida por ti. Él, que no pecó, Él, que era Santo, te abrió la puerta para poder ser salvo. Arrepiéntete de tus muchos pecados y por tu fe en Jesucristo. Nada ni nadie puede librarte del infierno eterno, solamente Jesús.

Terrible realidad futura.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!