sábado, 26 de diciembre de 2020

Jesús II

La película Salvar al soldado Ryan narra la historia de un destacamento de Rangers que se disponen a salvar al único superviviente de varios hermanos que murieron en la 2ª guerra mundial para que esa familia no se quedase sin hijos. Logran rescatarlo y Miller, el capitán de los Rangers, muere ante el soldado Ryan, pero antes le dice estas palabras: “James hágase usted digno de esto. Merézcalo”. Lo que el cine narra no presenta la realidad. Un ranger jamás diría eso. Lo que el capitán Miller le dijo antes de morir a James Ryan fue Sua sponte, el lema de los Rangers. Su significado es por propia voluntad. “James, no me debes nada, te salvé voluntariamente”. Jesús se entrega voluntariamente para salvarnos y encima, nos dice que no le debemos nada. Así es la entrega de Jesús por nosotros. Así es Su amor por Sus hijos.

Quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras. (Tito 2:14)

El nombre de Jesús también significa El que se entrega. Él se entregó voluntariamente por nosotros en una cruz, aunque éramos Sus enemigos, Su creación fallida y Sus asesinos. Jesús no se entregó por nosotros porque íbamos a recibirlo con las manos abiertas, Jesús lo hizo porque nuestras manos estaban cerradas a Su amor por la ceguera provocada por nuestros pecados. Jesús se entregó voluntariamente por muertos. ¿Quién haría algo así por un muerto? Jesús se entregó para resucitar muertos.

Después de estos mensajes de Adviento, cuando hemos celebrado la Navidad, la frase que he elaborado con los nombres de cada uno de los personajes que hemos estado observando, queda de la siguiente forma: Dios se ha acordado de Sus promesas y ha mostrado Su gracia y misericordia a un pueblo rebelde para convertirlos en príncipes, elegidos para predicar las buenas nuevas de quien Dios ha añadido y levantado para perdonar sus pecados y llevarlos de gloria en gloria, el Salvador que se entregó voluntariamente por ellos.

¡Jesús se dio por ti!

Querido lector, comparto contigo una tarjeta navideña del ministerio Avant en la que he participado con la guitarra. Quiero desearte lo mejor para tu vida y eso es que conozcas a Jesucristo, aquel que te ama y se entregó voluntariamente por ti. 


¡QUE DIOS TE BENDIGA!

sábado, 19 de diciembre de 2020

Jesús I

En la película de 2006 Superman regresa Loise Lane afirma a Superman: “El mundo no necesita un Salvador, y yo tampoco”. Superman la lleva a las alturas para que contemple la ciudad y le dice: Escucha, ¿qué oyes? Ella responde: Nada. Yo lo oigo todo, le contesta Superman. Has escrito que el mundo no necesita un Salvador, pero cada día oigo clamar a la gente por uno.


“…y llamarás su nombre JESÚS.” (Lucas 1:31)


Jesús es el Salvador que necesitamos. Su Nombre así lo anuncia: SALVADOR. Él mismo enseñó a Sus discípulos que Él era el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie podía acceder al Padre sin Él (Juan 14:6). Él es la tabla de salvación, Él es el clavo ardiente al que agarrarse, Él es el oasis en el desierto, Él es la botella de oxígeno en el fondo del mar, Él es el bypass en el corazón, Él es el alimento al hambriento, Él es el tesoro del pobre, Él es la luz en la oscuridad. ¡ÉL ES TODO! ¿Qué hizo de especial Jesús para poder salvarnos? Satisfizo plenamente la Ira de Dios poniéndose en nuestro lugar y así pagar el precio por nuestros pecados. Dios es Juez y Parte. Dios condena al hombre por sus pecados y Dios salva al hombre de sus pecados.


¿Por qué puede Jesús salvarnos? Porque Él no tiene pecado. Jesús no pecó jamás. Solo alguien así sería aceptable por Dios. Dios es Santo y Jesús es Dios. Por lo tanto, Dios aceptó el sacrificio de Jesús para aplacar Su justa ira y poder relacionarse nuevamente con sus criaturas como hijos. Jesús resolvió el problema relacional del hombre con Dios. La enemistad que surgió por el pecado entre Dios y la humanidad ya tiene arreglo. La deuda contraída ante la justicia de Dios ha sido pagada en la cruz por Jesús. Tú y yo somos salvables.


A todos los que echan mano de Jesús confiando (creer, fe) en Él para ser salvos, Dios les otorga el privilegio de ser Sus hijos de pleno derecho (Juan 1:12). Jesús allanó el camino para que fuésemos salvos y nosotros solo hemos de andar por él con la condición de tomar la mano de Jesús con fe confiada. El escollo insalvable entre Dios y el hombre lo solucionó Jesús al dar Su vida en una cruz y resucitar al tercer día venciendo a la muerte. Su promesa para todo aquel que cree es la vida eterna. La muerte ha perdido su efecto condenatorio para el creyente y se ha convertido en un puente que lo lleva a la presencia de Dios por la eternidad.

Sí, necesitamos un Salvador y es Jesús.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

sábado, 12 de diciembre de 2020

María y José

La historia bíblica nos ha legado un buen ramillete de matrimonios. Adán y Eva, Abraham y Sara, Isaac y Rebeca, Jacob y Raquel (y Lea), Sansón y Dalila, David y Betsabé. Todos ellos con sus más y sus menos. Todos ellos con fracasos estrepitosos y vergonzosos. Si hubiera un salón de la fama para los matrimonios, todos ellos aparecerían de forma prioritaria.


El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo. (Mt. 1:18)

 

Seguro que María y José estarían en ese salón de la fama en un lugar de eminencia. Ellos dos fueron los encargados de proteger y educar a Jesús, el Mesías prometido. Nada más y nada menos. Sus vidas, al igual que las de Zacarías, Elisabet y Juan el Bautista, no fueron fruto de la casualidad, sino del plan trazado por Dios para salvar al mundo. María y José se unen para seguir completando el mensaje que Dios quiere dar por medio del tiempo de adviento.


María significa rebelde, princesa, hermosa y la elegida. José significa que Dios añada, levantado, quien perdona, incremento. Si unimos los significados de los nombres de este matrimonio universal quedaría esta frase: El pueblo rebelde fue trasformado en una princesa hermosa, la iglesia, que muestra la belleza de Jesucristo el cual Dios ha añadido para ser levantado en una cruz y así perdonarnos nuestros pecados y Su gloria vaya creciendo en Sus hijos hasta ser como Jesús. Querido lector, aprovecha este tiempo de Adviento para acercarte a Dios por medio de Jesús. Aún resuena el mensaje navideño. Aún tienes tiempo de salvarte. Arrepiéntete de tus pecados, cree en Jesús y Su imagen irá resplandeciendo cada día más en ti.

Pasa de rebelde a perdonado.


¡QUE DIOS TE BENDIGA!

sábado, 5 de diciembre de 2020

Juan el Bautista

Cuando el predicador Leonard Ravenhill compartía sobre la vida y ministerio de Juan el Bautista algún joven cristiano, con deseos de servir al Señor, le decía de forma entusiasta que quería ser como Juan, él le respondía: Pues te quedan seis meses de vida. Desde que inició su ministerio hasta que fue asesinado transcurrieron seis meses. Eso no es éxito sino rotundo fracaso, piensan muchos. Pero según la opinión del que importa, Jesús, Juan fue el mayor de los profetas de todos los tiempos (Mt. 11:7-15). Juan el Bautista triunfó a los ojos de Dios.

Pero el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan. Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su nacimiento; porque será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre. Y hará que muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor Dios de ellos. E irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto. (Lucas. 1:13-17)

¿En qué consistió el ministerio que desarrollo en esos seis meses? A Zacarías y Elisabet se les informó desde antes de nacer.

·         Ser de gozo y alegría para sus padres y para muchos.

·         Ser grande ante Dios.

·         Estar totalmente consagrado para Dios.

·         Convertir a muchos israelitas a Dios.

·         Traer paz en la familia y prudencia a los rebeldes.

·         Preparar a Jesucristo un pueblo capaz de entenderlo.


Juan el Bautista realizó la obra de Dios porque llevó a cabo plenamente el mensaje que su nombre expresaba: la gracia de Dios o la misericordia de Dios. Con el fin de entender la gracia de Dios es necesario entender para qué se dio la ley. La ley de Dios fue dada: para evidenciar la santidad de Dios, para evidenciar el pecado del hombre y para evidenciar la culpabilidad del hombre ante Dios. La ley de Dios nos habla de Su santidad, de nuestro pecado y de nuestra culpa.


La gracia es el motor divino que hay detrás de la misericordia y el amor de Dios por nosotros. La gracia de Dios libera al pecador hasta cimas insospechadas. La salvación en Jesucristo proviene directamente de la gracia de Dios que provee para el pecador un escape de la muerte y el infierno por la fe o confianza en el sacrificio de Jesucristo en la cruz. La gracia es el regalo de Dios en Jesucristo para toda la humanidad donde el pecador nada puedes hacer para mejorar el regalo al aceptarlo. No puedes ser más bueno, más sabio, más altruista, más cristiano ni mejor ciudadano. No puedes añadir nada más a la perfecta obra de Cristo en la cruz. No te puedes salvar a ti mismo. ¡Houston no te puede salvar del problema! ¡Tú no te puedes salvar del problema! ¿Capichi?

La gracia de Jesucristo te espera.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

sábado, 28 de noviembre de 2020

Zacarías y Elisabet


Adviento es venida o llegada. En estas fechas recordamos la venida de Jesucristo a este mundo. Jesús se llegó a nosotros con un propósito bien definido: Satisfacer los requisitos de Su Padre para salvarnos. La Biblia está llena de profecías y datos que apuntan al nacimiento de Jesús, Su vida y Su obra de manera minuciosa. Jesús vino y Su contexto nos lo anuncia de formas maravillosas e insospechadas. Uno de los medios que apuntan al advenimiento del Mesías son los nombres de los personajes que Dios usó cuando Su Hijo se hizo Hombre.


Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la clase de Abías; su mujer era de las hijas de Aarón, y se llamaba Elisabet. (Lc. 1:5)


El matrimonio formado por Zacarías y Elisabet, padres de Juan el bautista, son los primeros que, por medio de sus nombres, nos expresan algo de lo que significa la época de Adviento. Zacarías significa Dios se ha acordado. Dios se ha acordado de Sus promesas de salvación y las ha cumplido. Dios se acordado de Su pueblo enviando a Jesús. Dios se ha acordado de ti individualmente. Elisabet añade riqueza al tiempo de Adviento porque su nombre tiene tres significados: Dios es mi plenitud, juramento y de Dios. Dios fue su plenitud, su promesa y a quien pertenecía.


Sus nombres nos hablan de Jesucristo porque apuntan a la obra de salvación que recaía sobre Sus hombros. Él fue la promesa de salvación de la que Dios se acordó y la cumplió en una cruz. Su sacrificio fue por todos aquellos que con fe creerían en Él, Su pueblo. Jesús pensó en ti para salvarte de tus pecados cargando tu condena y librándote de una muerte segura en el infierno. Él es tu plenitud, Él es el que jura y cumple la promesa de salvarte. Si vas a Él arrepentido de tus pecados te acoge en Su familia y pasas a pertenecerle.

Jesús se acordó de ti.

¡QUE DIOS TE BENDIGA! 

sábado, 21 de noviembre de 2020

Buena Práctica

Normalmente, una buena instrucción como la basada en la Biblia, lleva a buenas prácticas. Es lo que se conoce como el testimonio cristiano. Esta segunda entrega nos habla de esas buenas prácticas que Salomón, dando un consejo a su querido hijo, trata de inculcarle. Una de las claves para la vida es el estudio de la Biblia que deriva, como se ha comentado antes, en una vida de buenas prácticas cristianas. En el cristiano verdadero esas buenas prácticas brotan de reconocer el amor de Dios derramado en su vida. En el no cristiano las buenas prácticas emanan de querer ganarse el respeto y la aprobación de Dios, pero sobre todo de sus semejantes.

Nunca se aparten de ti la misericordia y la verdad; átalas a tu cuello, escríbelas en la tabla de tu corazón; y hallarás gracia y buena opinión ante los ojos de Dios y de los hombres. (Proverbios 3:3-4)

En resumidas cuentas, el que es cristiano tiene dos marcas visibles en su vida: la misericordia y la verdad. Misericordia es bondad, piedad, clemencia y favor. Si somos misericordiosos con otros estamos siendo como Jesús, bondadosos, piadosos, clementes y dándoles el favor que necesitan en sus necesidades. Verdad es estabilidad, firmeza y confianza. Si compartimos la verdad con otros estamos dando la oportunidad a las personas de vivir con estabilidad, firmeza y confianza. Millones de personas viven inestables, tambaleándose y desconfiadas. ¿Quién es la Verdad con mayúsculas? ¡Jesús! Él es el la Verdad que las personas necesitan conocer para que sus vidas sean estables, firmes y confiadas. Jesucristo es la Verdad que predicamos.

Que Dios y los hombres tengan buena opinión de nosotros es la promesa por mostrar la misericordia y la verdad. Hallar gracia y buena opinión es recibir bondad, favor y misericordia de Dios y de los hombres. Esta promesa cumple con la ley de la siembra y la cosecha. Lo que siembras recoges. Si siembras misericordia y verdad, recibirás misericordia y verdad. Atar y escribir en nosotros la misericordia y la verdad nos hablan de su visibilidad. Las buenas prácticas o el testimonio cristiano se hacen ver, de lo contrario no es testimonio cristiano.

Querido lector: la misericordia de Dios se te ha mostrado en Jesucristo. Él vino para pagar el precio de tus pecados en una cruz. Se puso en tu lugar para pagar ante Dios tu deuda y darte la oportunidad de librarte del infierno que mereces. Si aún no has experimentado la misericordia y la Verdad de Jesús, este es el momento: Arrepiéntete de tus pecados ahí donde estás y pon tu fe (confianza) en Él. En agradecimiento por Su amor por ti comienza a mostrar misericordia y a compartir la verdad con otros que lo necesitan desesperadamente.

Jesús es la misericordia y la verdad.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

sábado, 14 de noviembre de 2020

Buena Instrucción

Todos dicen que una buena educación es el secreto para una sociedad mejor. Estoy totalmente de acuerdo si esa educación es la que emana del texto bíblico. Dios mediante, durante las próximas seis semanas vamos a dar seis claves para la vida que tienen promesa de Dios cada una. Las claves para la vida las extraeremos del libro de Proverbios, escrito, en su mayoría, por el rey Salomón. Imagínate alguien sabio por el trascurso de los años que se sienta a tu lado y empieza a aconsejarte. Su experiencia puede hacerte sabio para la vida, pero de ti depende ser sabio o necio.


Hijo mío, no te olvides de mi ley, Y tu corazón guarde mis mandamientos; Porque largura de días y años de vida Y paz te aumentarán. (Proverbios 3:1-2)

 

Si todavía no tienes claro que la educación impartida en las instituciones no nos hace mejores es que no ves el telediario. Si realmente deseas una instrucción infalible no te queda más remedio que recibirla directamente de la Biblia, la Palabra de Dios. Nuestro sabio, Dios mismo, nos aconseja a no olvidar Su ley y a guardar Sus mandamientos. Dos tareas son necesarias para ser instruidos por Dios: no olvidar Su palabra y guardar Su Palabra. No olvidar conlleva su estudio diario y constante, mientras que guardar significa obedecer. La clave aquí reside en el equilibrio de ambas tareas. El conocimiento sin práctica es obesidad intelectual. La práctica sin conocimiento es una temeridad.


Jesús ha sido la única persona que ha cumplido el consejo de Dios 100%. Él nunca olvidó la Palabra de Dios y siempre la obedeció. Ni tú ni yo alcanzamos ni alcanzaremos su altura. Es por eso que el cielo se cerró para nosotros: no cumplimos el requisito divino de la perfección por nuestros pecados de no olvidar el consejo de Dios y lo desobedecimos conscientemente. Pero Dios no nos dejó de lado, aunque fuese justo que lo hiciese. Envió a Su Hijo Jesucristo para pagar la deuda por nosotros dando Su vida perfecta en una cruz y recibiendo el castigo que merecíamos tú y yo. Hoy podemos tener la certeza de no olvidar Su Palabra y poder obedecerla gracias al Espíritu Santo que mora en el cristiano verdadero. Además, tenemos la promesa de largos días y años en paz que comienzan aquí y siguen en la eternidad. Si quieres ser instruido en el camino de Su palabra empieza arrepintiéndote de tus pecados y poniendo tu fe en Jesús. Es la primera clave para la vida aquí y en la eternidad.

Su Palabra te instruye.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

sábado, 7 de noviembre de 2020

Levantar las Orejas

La mentira se pasea delante de nuestras narices vestida con sus mejores galas. Los que nos gobiernan, desde el presidente al funcionario, salvo honrosas excepciones, nos mienten. El poder trae consigo la corrupción porque ya se está dispuesto a ser su lacayo. Realmente el poder no corrompe, sino que saca a la luz los más bajos instintos de un tirano que estaba cuasi dormido. Cuando el tirano despierta hace que sus servidores se corrompan. No vayamos a buscar ejemplos lejos porque los ejemplos los tenemos en casa. El gobernante y sus acólitos nos engañan. La mentira está detrás de las fechorías de los gobernantes.


Si un gobernante atiende la palabra mentirosa, todos sus servidores serán impíos. (Pr. 29:12)

 

La raíz hebrea de atender o prestar atención es levantar las orejas. Si el presidente levanta las orejas al que miente, todos los que le rodean se volverán perversos. Si la cabeza está podrida la cola se acabará pudriendo. Un poco de levadura leuda toda la masa, nos diría Jesús. Vemos a un país donde sus gobernantes han oído a todos aquellos que no lo aman y quieren destruirlo con sus mentiras. Así nos va. La mentira ha dividido un país como España en pro de sus gobernantes. ¿Seguiremos cobijando a tales gobernantes? Parece ser que sí. Aún no le hemos visto las orejas al lobo, aunque las haya levantado para atender a la mentira.


Cada día lo tengo más claro. La verdad no es flor de este planeta. Aquí solo crecen las malas yerbas. Esa realidad es tan evidente que cuando Jesucristo vivió entre nosotros, la Verdad personificada, lo matamos por amar más la mentira: Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas (Jn. 3:19). Jesús no condenó a nadie, nosotros nos condenamos por amar más la oscuridad de la mentira que Su luz de la Verdad. Querido lector, si amas la mentira debes saber que el infierno te espera. No lo digo yo, lo dice la Verdad, Jesucristo. Pero si amas la Verdad, a Jesucristo, desterrarás la mentira y alcanzarás la vida eterna prometida a todos aquellos que creen en Jesús. Él se sacrificó en una cruz por nuestros pecados poniéndose en nuestro lugar para que podamos ser salvos. Arrepiéntete de tus pecados, cree en Jesucristo y serás salvo.

No levantes tus orejas a la mentira.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

sábado, 31 de octubre de 2020

Luz en las Tinieblas

El 31 de octubre de 1517 un monje agustino, Martin Lutero, expuso sus 95 tesis en contra de la práctica de las indulgencias por parte de la Iglesia Católica Romana. Hoy se celebran quinientos tres años de aquel gesto que, a la sazón, solo perseguía discutir el tema en buena lid. Jamás se le pasó por el pensamiento al reformador todo lo que acontecería después. Al intentar encaminar al catolicismo de vuelta a la Biblia se encontró de patitas en la calle. Las Sagradas Escrituras volvieron a ser puestas en su lugar de primacía alumbrando el corazón y la mente de aquellos que estaban en las más oscuras tinieblas. En aquel momento de la historia del cristianismo se encendió una luz que perdura hasta nuestros días.


El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; y a los asentados en región de sombra de muerte, luz les resplandeció.  (Mat 4:16)

 

Hoy seguimos viendo esa luz que Isaías profetizó y el apóstol Mateo nos recuerda como principio del ministerio público de Jesucristo. Esta profecía se cumplió en Jesús, como todas las que debían cumplirse respecto a Su Persona y obra. Esa Luz que ven los que están viviendo en tinieblas y morando en un país de sombra de muerte, han sido alumbrados por Jesucristo, la Luz de este mundo. Ya no hay excusas para seguir viviendo en tinieblas porque la oscuridad la disipó Cristo. Ya no tienes pretextos si has conocido o simplemente has oído acerca de Jesucristo. Él no es alguien que deja indiferente, sino que exige una respuesta: seguirle. Lo contrario es vivir en tinieblas oscuras, densas y demoniacas.


Hoy el mundo celebra la muerte por medio de Halloween. La muerte, la oscuridad y el infierno intentan apagar la luz de Jesús. Este esfuerzo es vano pues las tinieblas no pueden hacer absolutamente nada contra la Luz, Jesucristo. Su sacrificio en la cruz no puede opacarse, Su resurrección de la muerte no puede refutarse, Su victoria contra las tinieblas del pecado no puede ser derrocada. Querido lector, aún Jesús está alumbrándote. Aún tienes la oportunidad de salvarte. Lee la Biblia al igual que hace quinientos años la leyeron otros y recibieron Luz. Ellos creyeron en Jesucristo, se arrepintieron de sus pecados y se convirtieron en luz para otros, imitando a Su Señor Jesucristo.

Solo Gloria a Dios.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

sábado, 24 de octubre de 2020

La Esperanza del Malo

Mucha gente pasa por la vida como si nunca tuviese que rendir cuentas por sus actos. Tratan de esconder sus pésimas acciones bajo la alfombra de sus estériles conciencias y “aquí no ha pasado nada”, “paz y gloria”. Desprecian a aquellos que han ofendido con la convicción deshonesta que opina: “merecen la ofensa”; “estoy en lo cierto”. No solo eso, ni siquiera se figuran que sus actos pecaminosos en la intimidad también les responsabilizan. La integridad y la honestidad son dos cualidades que desconocen en sus formas prácticas. Íntegro es aquel que hace lo correcto en sociedad e íntimamente y honesto es aquel que reconoce sus fallas e intenta corregirlas en sociedad e íntimamente.

¿Por qué ha despreciado el impío a Dios? Ha dicho en su corazón: «Tú no le pedirás cuentas».  (Salmos 10:13)

Aquí, en esta vida, muchos “se irán de rositas”. Sus agravios contra otros y contra Dios no serán satisfechos. Nunca pedirán perdón a los que lastimaron, nunca corregirán sus maldades ante Dios y su orgullo se irá con ellos intacto a la tumba. Sus vidas dan testimonio de su profunda maldad por medio de un profundo desprecio por Dios. Desprecian a Dios porque están convencidos que no le van a tener que dar cuentas. Cuando pasen la frontera de la tumba ya no habrá para ellos solución: darán cuentas a Dios por sus pecados y las puertas del infierno les darán la bienvenida.

Querido lector, Jesús vino a nosotros, tomó semejanza a nosotros y recibió nuestro desprecio una vez más debido a nuestra maldad. Seguimos teniendo que dar cuentas a Dios, pero ahora podemos hacer que Jesucristo sea nuestro Abogado. ¿Por qué? Él se puso en nuestro lugar en una cruz recibiendo de Dios el desprecio que merecíamos por haberlo humillado. Jesús murió debido a nuestros muchos pecados para que pudiésemos poner nuestra cuenta con Dios a cero y disfrutar un nuevo comienzo. Dios quiera que cale este mensaje de salvación en ti y despiertes a que un día darás cuenta a Dios por tu vida y que no escaparás de Su Ira a menos que creas en Jesucristo arrepintiéndote de tus pecados.

No escaparás de Dios.

¡QUE DIOS TE BENDIGA! 

sábado, 17 de octubre de 2020

Un Poco de Poesía

No hay nada mejor para explicar a Dios y Su obra que la propia Biblia, Su Palabra. Y si por demás lo hacemos con una creación poética, miel sobre hojuelas. El que lea entienda. O, el que lea obedezca a la Biblia que es el significado profundo de “entender” en las Escrituras.

Bendice, alma mía, a Jehová.

 Jehová Dios mío, mucho te has engrandecido;

 Te has vestido de gloria y de magnificencia.

 

El que se cubre de luz como de vestidura,

 Que extiende los cielos como una cortina,

 

Que establece sus aposentos entre las aguas,

 El que pone las nubes por su carroza,

 El que anda sobre las alas del viento;

 

El que hace a los vientos sus mensajeros,

 Y a las flamas de fuego sus ministros.

 

El fundó la tierra sobre sus cimientos;

 No será jamás removida.

 

Con el abismo, como con vestido, la cubriste;

 Sobre los montes estaban las aguas.

 

A tu reprensión huyeron;

 Al sonido de tu trueno se apresuraron;

 

Subieron los montes, descendieron los valles,

 Al lugar que tú les fundaste.

 

Les pusiste término, el cual no traspasarán,

 Ni volverán a cubrir la tierra.

 

Tú eres el que envía las fuentes por los arroyos;

 Van entre los montes;

 

Dan de beber a todas las bestias del campo;

 Mitigan su sed los asnos monteses.

 

A sus orillas habitan las aves de los cielos;

 Cantan entre las ramas.

 

El riega los montes desde sus aposentos;

 Del fruto de sus obras se sacia la tierra.

 

El hace producir el heno para las bestias,

 Y la hierba para el servicio del hombre,

 Sacando el pan de la tierra,

 

Y el vino que alegra el corazón del hombre,

 El aceite que hace brillar el rostro,

 Y el pan que sustenta la vida del hombre.

 

Se llenan de savia los árboles de Jehová,

 Los cedros del Líbano que él plantó.

 

Allí anidan las aves;

 En las hayas hace su casa la cigüeña.

 

Los montes altos para las cabras monteses;

 Las peñas, madrigueras para los conejos.

 

Hizo la luna para los tiempos;

 El sol conoce su ocaso.

 

Pones las tinieblas, y es la noche;

 En ella corretean todas las bestias de la selva.

 

Los leoncillos rugen tras la presa,

 Y para buscar de Dios su comida.

 

Sale el sol, se recogen,

 Y se echan en sus cuevas.

 

Sale el hombre a su labor,

 Y a su labranza hasta la tarde.

 

¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová!

 Hiciste todas ellas con sabiduría;

 La tierra está llena de tus beneficios.

 

He allí el grande y anchuroso mar,

 En donde se mueven seres innumerables,

 Seres pequeños y grandes.

 

Allí andan las naves;

 Allí este leviatán que hiciste para que jugase en él.

 

Todos ellos esperan en ti,

 Para que les des su comida a su tiempo.

 

Les das, recogen;

 Abres tu mano, se sacian de bien.

 

Escondes tu rostro, se turban;

 Les quitas el hálito, dejan de ser,

 Y vuelven al polvo.

 

Envías tu Espíritu, son creados,

 Y renuevas la faz de la tierra.

 

Sea la gloria de Jehová para siempre;

 Alégrese Jehová en sus obras.

 

El mira a la tierra, y ella tiembla;

 Toca los montes, y humean.

 

A Jehová cantaré en mi vida;

 A mi Dios cantaré salmos mientras viva.

 

Dulce será mi meditación en él;

 Yo me regocijaré en Jehová.

Sean consumidos de la tierra los pecadores,

 Y los impíos dejen de ser.

 Bendice, alma mía, a Jehová.

 Aleluya.

(Salmos 104)

Querido lector, ante tanta belleza de Dios y Su obra solo hay dos caminos: el que te lleva a ser consumido y dejar de ser, o creer y ser vivificado y eterno. Jesús sufrió la cruz por tus pecados y espera que te arrepientas de ellos y vuelvas a casa del Padre. ¿No ves la belleza poética de la cruz? Jesús te amó infinitamente allí, en ese lugar de vergüenza que no merecía. Cielo o infierno. No hay más caminos.

Jesús es Poesía.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!