sábado, 5 de octubre de 2019

Aceptación Sin Méritos


Una cuestión fundamental separa al Cristianismo de las diversas religiones que deambulan por el mundo. Mientras que las distintas religiones requieren de méritos propios para ser aceptados, el Cristianismo es aceptación sin méritos propios, como explica a grandes rasgos el profesor de la Universidad de Oxford, John Lennox, en una conferencia en el Ateneo de Madrid. Nos han vendido la película que nos cuenta que para ser aceptados por Dios necesitamos merecerlo, y eso es una mentira burda. Si la salvación se gana por nuestros méritos ¿para qué narices Dios se humanó en Jesucristo y pagó en una cruz por nuestros pecados?
Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. (Efesios 2:8-9)
Si  Dios necesita intervenir a favor de nosotros es simple y sencillamente porque nuestros méritos no alcanzan el estándar de Dios para ser suficiente aval a la hora de ser perdonados por los pecados cometidos contra Él y resolver la deuda que tenemos pendiente con Su Justicia. Dios necesita enviarse a sí mismo en Cristo para posibilitar el perdón de nuestros pecados y la reconciliación con Dios sin nuestra intervención, pues carecemos de capacidad para salvarnos a nosotros mismos. La salvación es un regalo que no merecemos (gracia) y nuestras buenas obras para tal fin nos harían pensar que somos buenos, y no lo somos, por lo menos no como Jesús lo fue, que cumplió con todos los estándares de Dios sobradamente.

Querido amigo, el ofrecimiento de salvación de Dios por los méritos de Jesucristo no es, ni de lejos, como un anuncio publicitario que al rechazar la oferta no tiene consecuencias dramáticas. Rechazar a Cristo es confirmar que nuestro lugar de destino eterno será el infierno. ¡Huye! Te va la vida en ello. ¡Tiembla! Los horrores de ese lugar son indescriptibles. Sólo tienes esta vida para confiar (fe) en que los méritos del sacrificio de Jesús en la cruz por ti son suficientes para librarte del infierno que supone la separación eterna de Dios, Su amor, Su misericordia y Su gracia, Arrepiéntete de tus pecados ante Dios y comienza tu vida con Jesús que te acepta por Sus méritos y no por los tuyos. 

¡Qué descanso! No es por ti ni por mí, es por Jesús.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

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