Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en Él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna. Juan 3:16.

sábado, 21 de octubre de 2017

Compasión

¡Qué preciosos ejemplos nos dejó Jesús! La Biblia está lleno de ellos. Pensando en qué escribiros hoy abrí la Biblia y comencé a leer este conocidísimo relato:

Y Jesús, llamando a sus discípulos, dijo: Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer; y enviarlos en ayunas no quiero, no sea que desmayen en el camino. Entonces sus discípulos le dijeron: ¿De dónde tenemos nosotros tantos panes en el desierto, para saciar a una multitud tan grande? Jesús les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos dijeron: Siete, y unos pocos pececillos. Y mandó a la multitud que se recostase en tierra. Y tomando los siete panes y los peces, dio gracias, los partió y dio a sus discípulos, y los discípulos a la multitud. Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos, siete canastas llenas. Y eran los que habían comido, cuatro mil hombres, sin contar las mujeres y los niños. Entonces, despedida la gente, entró en la barca, y vino a la región de Magdala. (Mateo 15:32-39)

Si resumo lo que Jesús hizo en esta historia me viene a la cabeza la palabra congruencia, es decir, sintió, actuó y solucionó. Sintió compasión, actuó resolviendo los impedimentos y solucionó la necesidad de las personas en un punto específico, en este caso, el hambre. Jesús se compadece de nosotros, resuelve los impedimentos para darnos lo que necesitamos y nos suministra de aquello que realmente carecemos. Tres preguntas: ¿Por qué se compadece Jesús de nosotros? ¿Qué impedimentos resuelven Su compasión? ¿Cómo Su compasión provee lo necesario?

Esta historia apunta al evento más decisivo para la humanidad: la muerte expiatoria de Jesucristo, o en otras palabras, la muerte que Cristo sufrió para librarnos del sufrimiento y la muerte eterna que merecemos. En la cruz, Jesús llevó al extremo Su compasión por ti y por mí, resolviendo lo que impedía que tuviésemos libre acceso al Padre por culpa de nuestros pecados y, por último, proveyendo lo necesario para que toda la humanidad, tú y yo incluidos, pudiese salvarse de la condenación eterna. Cree en Jesús para recibir la salvación sin demora. Mañana puede que se haya acabado la provisión y Jesús ya no esté.

Las cestas están a rebozar.


¡QUE DIOS TE BENDIGA!