Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en Él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna. Juan 3:16.

sábado, 24 de febrero de 2018

Final Feliz


Negar que hemos cometido errores, de los llamados garrafales, es faltar a la verdadera realidad de cada una de nuestras vidas. Esos errores fatales, la Biblia los designa como pecados, trajeron sufrimiento propio y ajeno. Todo el lío comienza cuando nos encabezonamos en hacer nuestra santa voluntad en contra de toda lógica, argumento o razón. En un ambiente donde se prima el individualismo es normal que se cometan pecados garrafales. La archiconocida historia del hijo pródigo es la narración de una de esas meteduras de pata que lo hundieron hasta la coronilla. Él malgastó su vida, como tantos otros, en la basura.

Entonces regresó a la casa de su padre. Y, cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio llegar. Lleno de amor y de compasión, corrió hacia su hijo, lo abrazó y lo besó. (Lucas 15:20)

El hijo pródigo, después de experimentar las “lindezas” del mundo y su cobro de intereses, volvió a la realidad y entonces regresó a la casa de su padre. Su realidad era que no tenía nada. De poseer todo cuanto necesitaba en la casa de su padre, pasó a la esclavitud. Solo cuando estamos en un callejón sin salida buscamos la solución en Dios. Cuando todo y todos fallan la última solución es Dios. Por eso algunos ven el sufrimiento humano como una mano extendida de Dios para librarnos de nuestras calamidades. Es propio de la humanidad que sin quebranto no se busca la verdad que Dios quiere comunicarnos.

Puede haber un final feliz para tu vida pero este final no es para todos. Este final feliz es para aquellos que se arrepienten con toda su mente y corazón por sus pecados contra Dios viviendo alejados de Él y malgastando sus vidas, aunque sea en actividades que parecieran bondadosas. El final feliz de esta historia no es el regreso del hijo pródigo. El final feliz es el entusiasmo del Padre al ver a Su hijo regresar: corrió, lo abrazó y lo besó. Jesús conoce tu historia y te sigue esperando con un amor y una compasión inquebrantables. Su cruz fue ese correr, abrazar y besar a aquellos que cansados de malgastar su vida deciden regresar a casa.

¿Qué haces fuera del hogar?

¡QUE DIOS TE BENDIGA!