Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en Él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna. Juan 3:16.

sábado, 21 de abril de 2018

Miedo Escénico


Mañana, Dios mediante, asisto a un cursillo para músicos sobre el miedo escénico. El miedo escénico es ese temor que todo músico siente o ha sentido ante la expectativa de un concierto y que se agrava minutos antes de salir a escena. Sé que es el mismo sentimiento que padecemos artistas y no artistas ante una situación en la cual estamos expuestos a las posibles críticas, y que nuestras mentes amplifican hasta niveles insospechados. La verdad, son situaciones odiosas. Bueno, a ver si mañana me dan en la tecla y puedo compartir la música sin ese miedo escénico.

Todo esto del miedo escénico me transporta al “gran miedo escénico”. Sí, es ese miedo que todos hemos sentido o sentimos frente a la muerte. Al igual que muchos artistas siente espanto por tener que actuar ante un público, muchos viven aterrados por ese momento de no retorno que es la muerte. Cuando pequeño cerraba los ojos en mi cama con la luz apagada y mi cabeza cubierta por la sábana y la manta imaginando que la muerte era densa oscuridad. “Así es la muerte: oscuridad”­, me decía. Hoy sé que tras la fea muerte me espera Jesús. Él es la Luz y no hay oscuridad para mí.

De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. (Juan 12:24)

La muerte es parte de la vida y por mucho miedo escénico que le tengamos a esos momentos fatales, hemos de sufrirlos. La antesala de la muerte es la última oportunidad que Dios da al hombre para que entre en Su escenario. Si en esa antesala no aprovechas esa postrera ocasión de reconocer quién es Dios y la salvación que ha provisto para ti en Jesucristo, entrarás a la eternidad solo y sin fruto. Por otro lado, como el ladrón que suplicó la salvación a Jesús en la cruz, te arrepientes de tus pecados y crees en Su salvación, gran fruto habrás dado.

¿Soportas el gran miedo escénico?

¡QUE DIOS TE BENDIGA!