Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en Él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna. Juan 3:16.

sábado, 21 de octubre de 2017

Compasión

¡Qué preciosos ejemplos nos dejó Jesús! La Biblia está lleno de ellos. Pensando en qué escribiros hoy abrí la Biblia y comencé a leer este conocidísimo relato:

Y Jesús, llamando a sus discípulos, dijo: Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer; y enviarlos en ayunas no quiero, no sea que desmayen en el camino. Entonces sus discípulos le dijeron: ¿De dónde tenemos nosotros tantos panes en el desierto, para saciar a una multitud tan grande? Jesús les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos dijeron: Siete, y unos pocos pececillos. Y mandó a la multitud que se recostase en tierra. Y tomando los siete panes y los peces, dio gracias, los partió y dio a sus discípulos, y los discípulos a la multitud. Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos, siete canastas llenas. Y eran los que habían comido, cuatro mil hombres, sin contar las mujeres y los niños. Entonces, despedida la gente, entró en la barca, y vino a la región de Magdala. (Mateo 15:32-39)

Si resumo lo que Jesús hizo en esta historia me viene a la cabeza la palabra congruencia, es decir, sintió, actuó y solucionó. Sintió compasión, actuó resolviendo los impedimentos y solucionó la necesidad de las personas en un punto específico, en este caso, el hambre. Jesús se compadece de nosotros, resuelve los impedimentos para darnos lo que necesitamos y nos suministra de aquello que realmente carecemos. Tres preguntas: ¿Por qué se compadece Jesús de nosotros? ¿Qué impedimentos resuelven Su compasión? ¿Cómo Su compasión provee lo necesario?

Esta historia apunta al evento más decisivo para la humanidad: la muerte expiatoria de Jesucristo, o en otras palabras, la muerte que Cristo sufrió para librarnos del sufrimiento y la muerte eterna que merecemos. En la cruz, Jesús llevó al extremo Su compasión por ti y por mí, resolviendo lo que impedía que tuviésemos libre acceso al Padre por culpa de nuestros pecados y, por último, proveyendo lo necesario para que toda la humanidad, tú y yo incluidos, pudiese salvarse de la condenación eterna. Cree en Jesús para recibir la salvación sin demora. Mañana puede que se haya acabado la provisión y Jesús ya no esté.

Las cestas están a rebozar.


¡QUE DIOS TE BENDIGA!

sábado, 14 de octubre de 2017

Educación y Cultura

¿Por qué se sigue defendiendo que la solución de los problemas sociales pasa por la educación y cultura de las personas? Si eso fuera una verdad las personas que nos dirigen desde el Congreso y el Senado serían nuestro máximo ejemplo de civismo, pues se supone que su nivel educativo y cultural les hace comportarse dignamente, y por desgracia, están muy lejos de ser considerados un ejemplo social. Encuentro que postularse en pro de la educación y cultura como la panacea a los males humanos es, como poco, una falacia porque los datos muestran que no es así. Es más, lo que puede ser educado y culturalmente plausible en un país es una aberración en otro. Los que defienden a capa y espada esta postura educativa-cultural deben ir cambiando la cantinela.

Soy realista: Todo lo que el ser humano toca termina pudriéndose. Al principio se puede comenzar con buenas intenciones, lo cual también se puede poner en tela de juicio, y al final, las buenas intenciones se convierten en puro egoísmo. El caso es que aún no conocemos la realidad del corazón humano, o por lo menos, queremos pasar por alto ese conocimiento de que estamos inclinados al mal. Lo segundo me parece lo correcto debido a que cada uno sabe lo que está bien y lo que está mal, aunque el pecado en ciertos casos se haya permitido en la ley. ¡Hasta la ley acaba corrompiéndose debido a la interpretación del egoísmo humano!

…y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. […] Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres. (Juan 8:32, 36)

Jesús no habla de educación y cultura como la respuesta a la necesidad humana. Él nos enseña sobre dos asuntos: verdad y libertad. En resumen, Jesucristo nos dice que al conocer Su Palabra seremos libres porque, en definitiva, la Verdad es Él mismo. La Verdad que libera es el conocimiento de Jesucristo y no la educación y cultura humana porque esta es cambiante día a día, sin embargo, la Verdad de Cristo no cambia. Siempre ha sido igual. Él mismo dijo: El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán (Mateo 24:35). Querido lector, seguir aferrado a las verdades relativas de nuestros semejantes solo conduce al modelo de sociedad en el cual estamos inmersos. Modelo que dista muchísimo de los que aún creen en que la educación y la cultura son la respuesta. Solo Cristo nos da la respuesta que necesitamos: Él pago por nuestros pecados para que pudiéramos ser salvos y libres de toda culpa delante del Padre en una cruz. Cree en Él, arrepiéntete de tus pecados y conocerás la Verdad que liberta: JESUCRISTO.

Educación y cultura versus Verdad y Libertad.


¡QUE DIOS TE BENDIGA!

sábado, 7 de octubre de 2017

Divide y Vencerás

La máxima “Divide y vencerás” está de moda. Está de moda no porque se esté usando dicha frase para explicar lo que está sucediendo con las tendencias separatistas de un sector de la sociedad, está de moda porque es la realidad de lo que está ocurriendo. La división debilita a todas las partes implicadas. Lo que podemos observar a nuestro alrededor se puede extrapolar a un nivel personal: cada persona sufre un “Divide y vencerás” interno. Cuando se unen muchas personas en pro del separatismo social solo muestran una característica de su división interna.

Pero Jesús, dándose cuenta de que querían llevárselo a la fuerza y declararlo rey, se retiró de nuevo a la montaña él solo. (Juan 6:15)

Jesucristo no estaba dispuesto a seguir la tendencia separatista de aquellos que querían hacerlo Rey a la fuerza. Su misión no era escalar en el mundo de la política, Su misión era cambiar el mundo de la política. El Rey de todo lo que existe vino a nosotros para unir los pedazos rotos del corazón dividido del hombre. Divide y vencerás es una máxima satánica, por consiguiente, Jesús no estaba por la labor de seguirle el juego a Satanás. Ante las imposiciones y deseos pecaminosos de la humanidad Jesús huye.

El único cambio que puede verdaderamente satisfacer a la humanidad es una relación directa con Jesucristo. Los cambios sociales en pro de lo justo son necesarios y plausibles, no seré yo quien diga lo contrario. Lo que sí digo es que sin esa relación íntima con Jesús es imposible alcanzar la justicia social de forma real y duradera. Solo hace falta examinar someramente lo que está pasando a nivel social para darse cuenta de lo alejados que andamos en el tema de lo justo.

Este año se celebra el quinto centenario de la Reforma Protestante que, gracias al redescubrimiento de la Biblia, trajo beneficios a todos los estamentos sociales. Las diferencias son obvias si comparamos el progreso de los países que abrazaron la Reforma y los países que se anquilosaron en la llamada Contrarreforma. La gran diferencia: Obedecer la Palabra de Dios trae bendición para todos. España es un país dividido porque vive en las antípodas de las Escrituras. En honor al mal llamado progreso se han aprobado leyes contrarias a la voluntad divina y esto está trayendo división a todos los niveles. Es tiempo de hacer balance comprobando que no lo estamos haciendo bien por nuestros méritos propios y, humildemente pedir perdón a Dios por nuestros pecados contra Él y poniendo nuestra confianza en Jesucristo.

¡España, vuélvete a Dios!


¡QUE DIOS TE BENDIGA!

sábado, 30 de septiembre de 2017

Rezar Una Novena

Hasta ayer no sabía lo que era rezar una novena. No soy católico, por lo tanto, no estoy obligado, por así decirlo, a saberlo. El caso es que llamó mi atención la conversación telefónica que una señora mantenía con otra señora por el móvil justo a mi espalda. Ella, la que estaba a espaldas mía, convencía a la otra de las bondades de rezarle a, literalmente, una imagen de la virgen. “La virgen tiene muchos nombres, pero es una sola”‒afirmaba a su amiga al otro lado del móvil. Prosiguió diciendo “Yo estoy rezando una novena para recibir algo”. Me rechinaron los oídos pues el “yo hago para que Dios me dé” está totalmente en contra del espíritu de la Biblia.

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. (Efesios 2:8-9)

No hay absolutamente nada que podamos hacer para que Dios se mueva por nosotros. A Dios no le impresiona lo más mínimo nuestro pavoneo, es más, ni siquiera los necesita. ¿Realmente esa señora cree que por hacer un sacrificio de nueve días de rezos Dios obrará el milagro? Por desgracia, sí lo cree. Dios no atiende a lo que sale por los labios si el corazón está muy lejos de Él. Se puede ser sincero, yo no dudo que esa señora lo sea, pero se puede estar sinceramente equivocado. Ese es el caso de esta buena mujer sinceramente devota.

Dios solo atiende a las personas que previamente han creído en Jesucristo confiando en Él como Salvador y Señor. Ese es el punto de inflexión que mueve el corazón de Dios a escuchar nuestras oraciones y lo hace por amor al sacrificio de Su Hijo en la cruz en defensa nuestra. Ningún mérito humano ya se a actos de bondad, rezos, sacrificios, experiencia, habilidad, títulos, etc., pueden comprar el favor de Dios. Solo Jesús pudo comprar el favor de Dios con Su sangre vertida en la cruz en pago por nuestros pecados. Cree en Jesucristo y estudia la Biblia en ella encontrarás la verdad, librándote de la superchería de las vanas repeticiones.

Ora a Dios directamente.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

sábado, 23 de septiembre de 2017

La Tierra Gime

El panorama no pinta bien. El porcentaje de cataclismos de otras épocas con el actual, parece irrisorio. Terremotos, maremotos, volcanes en erupción, huracanes, la atmósfera, cada vez menos protectora de los rayos del sol, las sequías, hambrunas, enfermedades, guerras, divisiones territoriales, etc., se están concentrando en un pequeño lapsus de la actualidad. Creo, con toda seguridad, que todos estos males son una llamada de atención al ser humano. Algo se está fraguando más allá de nuestras narices y percepción sensorial. Muchos no se aperciben de ello. Viven aún confiando en la bondad, el progreso y la ciencia humana.

Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora. (Romanos 8:22)

El gemir de la creación descrito por el apóstol Pablo tiene todo que ver con lo que en el presente estamos experimentando a nivel mundial. Al igual que los dolores de parto anuncian que una nueva vida nacerá, los dolores en la naturaleza y los del ser humano muestran que algo está a punto de ver la luz. Jesús dijo: Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores. (Mateo 24:6-8). Todos los acontecimientos descritos por Jesús son el pasillo que conduce a una puerta que dará fin al mundo como lo conocemos hoy.

Llegado el momento, cuando las profecías se cumplan, Jesús regresará como Rey Soberano sobre todas las naciones. Regirá la tierra con justicia. Sus hijos gobernarán junto a Él y el mundo experimentará la realidad de Dios habitando entre ellos. Pero aún no es el fin. El fin llegará en el momento en que Jesucristo juzgue a las naciones que le han rechazado aún viendo Su gloria. “Es necesario que todo esto acontezca”, dice Jesús. Necesario para demostrar que el corazón y la mente del hombre están distanciados de Dios por el pecado. La humanidad se bendice en tiempos de bonanza y maldice a Dios en tiempos de tempestad. Esa es la esencia del pecado: ponerse en lugar de Dios. Si quieres salvarte de la quema cree en Jesucristo y arrepiéntete de tus pecados. No hay otro escape para lo que ha de venir.

¿Oyes el gemir?

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

sábado, 16 de septiembre de 2017

Dos Más Dos, Cuatro

George Orwell, en su novela 1984, describe un mundo dominado por el gobierno donde el Gran Hermano los vigila las 24 horas del día. Sus doctrinas se resumen en estas tres máximas: La guerra es la paz; la libertad es la esclavitud; la ignorancia es la fuerza. Por lo tanto, nos encontramos en una sociedad esclava, donde no existe el libre pensamiento. Por así decirlo, es la cultura del contrasentido lo que han creado los poderosos. El contrasentido se haya en obligar a creer que guerra es paz, libertad es esclavitud e ignorancia es fuerza. Resumiendo, dos más dos no son cuatro, es otra cosa dictada por el Gran Hermano.

Orwell, en su ficción, no estuvo desacertado. No estoy diciendo que fuese un profeta, un iluminado ni nada por el estilo, sino más bien que reflejó el comportamiento histórico de la humanidad y su propio tiempo. Me imagino que pensó “si esto ocurrió en el pasado y ocurre hoy, ocurrirá en el futuro”. Un amigo me comentó hace pocos días que el mundo está basado en relaciones, y tiene toda la razón. El lado oscuro de las mismas es intentar manipular hasta el extremo de que nuestra voluntad sea hecha anulando al otro. ¿Quién de nosotros no sea ha observado a sí mismo intentando manipular y gobernar al de al lado? Si somos honestos reconoceremos afirmativamente nuestra tendencia innata a ejercer dominio sobre los demás.

El marido intenta manipular a su esposa, y viceversa. Los hermanos se manipulan unos a otros. Un amigo desea que su amigo piense como él. Los jefes quieren manejar a sus empleados, y viceversa. Los gobernantes hacen lo mismo con los ciudadanos. En el fondo subyace el complejo de dios que todos llevamos dentro y que aflora por medio de buscar que las personas hagan nuestra voluntad haciendo creer que dos más dos no son cuatro, es otra cosa.

¿Qué nos intentan hacer creer hoy los manipuladores? Tres doctrinas: Aberración sexual es libertad. Abortar es dominio. Gobernar es educar. Toda tendencia sexual es buena porque hace al ser humano libre y los que piensan diferente son perseguidos y ridiculizados. El aborto es un derecho donde se ejerce el dominio del fuerte sobre el débil. Los gobernantes se arrogan el derecho de qué pensar, qué decir y qué hacer dentro de lo políticamente correcto. Resumiendo, dos más dos no son cuatro, es otra cosa. Lo triste es que cada día se suman más individuos a este pensamiento irracional.

Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. (Juan 8:31-32)

El hombre, en su busca incesante de la verdad, ha errado el camino infinidad de veces. La medida de la verdad no es el hombre, es Dios. Jesús plantea que se puede llegar objetivamente a conocer la verdad, es decir, que la ansiada verdad existe. Jesús también asevera que esa verdad hace libre al que la conoce. Lo que sucede es que no se busca en la dirección correcta. Para hallar la verdad hay que permanecer en la Palabra de Jesucristo, o lo que es lo mismo, creer en Sus Palabras. Esa permanencia demostrará que somos sus discípulos o seguidores reales, llegando a conocer la verdad que liberta.

Creer en Jesús es la verdad que liberta. Querido lector, hay que creer en Jesús no en las palabras de hombres que hoy piensan esto y mañana aquello. Somos seres volubles y manipulables. El único valor que no se deprecia es Jesucristo. Él vino a morir por tus pecados y los míos pagando por ellos en una cruz. La muerte que nos correspondía a nosotros la sufrió Él amorosamente para que pudiésemos tener paz con Dios. Indaga en la Biblia, busca a Dios, arrepiéntete de tus pecados y cree en Jesús. Él no te fallará ni te manipulará, sino que recibirás gozo, paz y amor genuinos.

Dos más dos, cuatro, volverá a tener sentido pleno.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

sábado, 9 de septiembre de 2017

El Más Pecador

Reconocer es la base del cambio. Con algunas enfermedades ocurre que algún miembro del cuerpo pierde sensibilidad y esto causa dolencias porque el sistema nervioso no reconoce el dolor. Si no reconocemos las cosas que están mal en nuestras vidas estamos mostrando insensibilidad. El caso extremo son aquellas personas que creen saberlo todo y creen que todo lo hacen bien. No reconocer las propias carencias es muestra de insensibilidad.

En la actualidad hay muchos recursos de autoayuda en las diferentes redes sociales que intentan “educarnos” para que avancemos como personas en las cuestiones de administrar el tiempo, los recursos, el ocio, los sentimientos, la salud, etc. Dejando a un lado la cuestión de si esas herramientas son de más o menos calidad, no sirven para nada si no hay un reconocimiento previo de una carencia en algún área de la vida. Un ejemplo: Si se es desordenado pero se es “feliz” así, no se reconocerá la importancia del orden, y así en cada ámbito del quehacer diario.

Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. (1 Timoteo 1:15)

El apóstol Pablo se dio perfecta cuenta de su necesidad más imperiosa y fue humilde haciendo el cambio. Así de sencillo. Reconocer entra en el ámbito de la humildad cuando lleva al cambio genuino. Pablo reconoció el tamaño de su pecado colocándose a la cabeza de la fila de los pecadores. Indiscutiblemente no conoció a Hitler pero si lo hubiese conocido, no hubiese cambiado su posición en la cola de pecadores, manteniendo el primer lugar.

Si no reconocemos que somos pecadores y nos arrepentimos creyendo en Jesús, no hay salvación posible. Jesús no salva a los que se creen perfectos. Jesús salva a los que reconocen el tamaño infinito de su pecado y se ponen a la cola de los pecadores para recibir perdón del mismo Dios. El cielo está lleno de pecadores que han reconocido sus carencias y han recibido por fe la salvación de Jesucristo al creer que Él es la única esperanza y solución. La cruz donde murió Cristo es una carta de reconocimiento de Dios en cuanto a nuestra necesidad de salvación.

Ponte a la cola.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

sábado, 2 de septiembre de 2017

Tristeza Existencial

Cuando me refiero a tristeza no hablo de depresión profunda. Depresión profunda es un estado de tristeza muy elevado. Cuando escribo sobre tristeza es en el plano del vivir diario. No quiero ponerme en el lugar de los filósofos porque no lo soy. Lo que sí puedo ponerme es en el lugar de mi experiencia cuando simplemente me siento triste. Los médicos dirían que la tristeza es por causas exteriores e interiores y esto es solo una forma de explicar el asunto. Hay una tristeza existencial que todos en algún momento hemos o vamos a tener. La palabra propósito tiene todo que ver con ello, me atrevo a afirmar. Algunos científicos dirían que nuestra vida es una consecuencia directa del azar pero eso ha llevado a que la tristeza existencial se multiplique aún más.

Todos, no solo deseamos, sino que también necesitamos llenar de propósito la vida. De lo contrario la existencia carece de significado, o por lo menos, siempre quedan huecos vacíos. Cualquiera puede mostrar la  faz más radiante de cara a la galería y luego, en su soledad, mostrar amargura en el rostro. Nuestros momentos solitarios muestran realmente lo que hay en lo más hondo del ser. ¿Cómo se está llenando la vida de propósito? ¿Con lo efímero o lo eterno?, es el razonamiento a que quiero llegar. Los que se jactan de vivir el momento sin importarles el futuro (por lo menos lo dicen de boca para afuera) parece que han resuelto bien el asunto (habría que ver sus vidas en un microscopio y se vería que no es oro todo lo que reluce). El caso es que de una u otra forma necesitamos tener un propósito.

Yo encontré ese propósito en algo exterior a mí. Fuimos creados para cumplir con un objetivo, por lo tanto, no somos el objetivo per se. La meta que debemos priorizar para cumplir con el propósito no es de este mundo. Muchos buscan en su interior la luz que les dé la paz tan ansiada y lo único que consiguen es ver como enemigos de esa paz quebradiza el mundo que los rodea. Por eso algunos optan por aislarse de la sociedad. El verdadero propósito de la vida del ser humano proviene de Dios que lo creó. Fuimos Su especial invento y, como cualquier inventor que se precie, creó con un fin en mente: Que el hombre disfrutara de la intimidad con Dios por sobre todas las cosas...

…pero el ser creado decidió que se estaba perdiendo otras formas de disfrutar la vida y cumplir con su propósito alcanzando la felicidad. A partir de este punto sin retorno vivimos en el mundo caído que vemos. ¡Hay esperanza! Si algo quiero es acabar con la tristeza existencial. Dios envió a Su Hijo a restablecer esa intimidad perdida y volver a conciliar  a Dios con Su creación especial, el hombre. En una cruz Jesús pago la deuda de nuestros pecados s Su Padre y desde entonces la gracia divina se ha extendido a todo la humanidad, a ti y a mí. Solo cree en Jesús y hallarás que hacer la voluntad de Dios es Su propósito más elevado para ti. Descubrirás que…

El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón. (Salmos 40:8)

El propósito verdadero.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

sábado, 26 de agosto de 2017

Desinformación

Pero los que no son espirituales no pueden recibir esas verdades de parte del Espíritu de Dios. Todo les suena ridículo y no pueden entenderlo, porque sólo los que son espirituales pueden entender lo que el Espíritu quiere decir. (1 Corintios 2:14)

Acabo de ver un documental del Canal Historia titulado “El juicio de Jesucristo” en el que aparecen diferentes personas doctas explicando, grosso modo, los contrasentidos del relato de los evangelios a la luz de la historia, con respecto al juicio sumario que se le hizo a Jesús. No me cabe la menor duda, después de haber invertido cuarenta y cuatro minutos y cincuenta segundos de mi vida en verlo, que la pretensión es desacreditar, aunque pobremente, no solo el juicio sino, además, el propósito salvífico, innombrado en esos  cuarenta y cuatro minutos y cincuenta segundos, de Su muerte en la cruz.

Me hubiera gustado encontrar un documental bien versado en historia y Biblia pero no lo hallé en este. Lo terrible es la influencia sobre las personas que abarca programas como este. Vivimos en la era de la consumición rápida, de lo exprés, del alimento basura, del que me den todo frito y cocido… y nos tragamos la gran mayoría de lo que nos dan por la antigua caja tonta, que se ha modernizado tecnológicamente y ha conseguido atontarnos a nosotros.

No soy un inconsciente y sé, porque lo vivo a diario, el desinterés por Jesucristo existente en gran parte del mundo. La gente se preocupa por el más acá pues los han programado para no pensar en el más allá, tras la muerte. Alguien me dijo que hablo mucho de la muerte, y le contesté que es la única forma de pararnos seriamente a reflexionar sobre las cosas espirituales, sobre Dios y Su salvación por medio de Jesucristo.

Con estas palabras quiero retarte a buscar la verdad del Cristianismo. El Cristianismo no le teme al escrutinio de la ciencia, pues Jesucristo es el Creador de toda ciencia. El Cristianismo no le teme a la dialéctica filosófica, pues Jesucristo es la Palabra viva de Dios. El cristianismo no le teme al ateísmo, pues Jesucristo es irrefutable. El Cristianismo es Jesucristo haciendo Su obra de salvación en todos aquellos que no le han temido a enfrentarse con las preguntas apropiadas y humildemente reconocer que solo en Jesucristo han encontrado la verdad.

Sé valiente.


¡QUE DIOS TE BENDIGA!

sábado, 19 de agosto de 2017

Dios en Guerra

Sí, Dios está en guerra. Es una guerra sin tregua ni cuartel. Sin descanso. Lo que está en juego es esencial para Dios: la salvación del hombre. Ciertas facciones radicales luchan de la misma forma pero con fines diferentes. Dios guerrea en beneficio de la humanidad y la humanidad, en general, lucha para imponer sus criterios, que a veces, demasiadas veces, son criterios aberrantes. Que el hombre es un lobo para el hombre ya ha quedado definitivamente fuera de toda duda desde tiempos inmemorables. Los ciegos profetas del “todo va bien” falsean la realidad de un mundo que sangra por los cuatro costados. El hombre necesita ser salvado del mismo hombre. Esa es la guerra en la cual Dios se implicó desde que Su creación, la humanidad, pecó.

Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz. (Colosenses 2:13-15)

El conflicto: El pecado del hombre es el desencadenante de la guerra divina por salvar a la humanidad. El pecado es vivir alejado de Dios. Si no cuentas con Dios como guía ya tienes la evidencia de que eres un pecador y, por consiguiente, eres la causa principal de que Dios esté en guerra. Dios quiere salvarte.

La amnistía: Hay un documento, un acta, que nos acusa con razón por nuestros pecados. La batalla se libró en una cruz. El campo de batalla fue del todo atípico y los contrincantes, inusuales: Una cruz y Dios contra Dios. Sí, has leído correctamente. Solo Dios puede pagar por nuestros delitos y quedar satisfecho del pago. Ni tú no yo podemos pagar a Dios para que se anule nuestra acta condenatoria. Dios cambia tu muerte en vida, te absuelve, en el instante que perdona tus pecados y eso sucede al creer en Jesucristo que se sacrificó por ti en la cruz. Dios vino a salvarte.

La victoria: Jesús desarmó a todos los que no querían nuestra salvación por medio de la cruz. Esos enemigos quedaron expuestos, es decir, se les vio el plumero ante todos y quedaron al descubierto. La muerte, el pecado y las hordas satánicas no tienen ya poder sobre aquellos que han sido ganados por Cristo en la cruz, es decir, aquellos que han creído con fe en Él. Dios puede salvarte.

La guerra es por ti.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

sábado, 12 de agosto de 2017

Dolor

El dolor es al mismo tiempo inhumano y necesario. Inhumano por el grado de desesperanza al que se puede llegar, si no se puede atajar y necesario porque nos advierte de la gravedad del padecimiento que nos está aquejando. El dolor hace que las personas que lo padecen se vuelvan lo que no son involuntariamente. No se puede vivir en constante dolor sea físico, síquico o espiritual. El caso es que, de una forma u otra, todos hemos experimentado o experimentaremos alguno de estos tres dolores. El dolor físico es el más detectable de los tres, pues afecta a nuestro cuerpo. Le sigue el dolor síquico debido a que se puede, de cierta forma, medir por el comportamiento de las personas, manifestándose desde tristeza leve a grandes trastornos afectivos y mentales.

La mujer quedó convencida. Vio que el árbol era hermoso y su fruto parecía delicioso, y quiso la sabiduría que le daría. Así que tomó del fruto y lo comió. Después le dio un poco a su esposo que estaba con ella, y él también comió. En ese momento, se les abrieron los ojos, y de pronto sintieron vergüenza por su desnudez. Entonces cosieron hojas de higuera para cubrirse. (Génesis 3:6-7)

El dolor espiritual es el más desconocido de los tres por ser el más obviado. En un mundo donde el materialismo es el pan nuestro de cada día el espíritu es desatendido flagrantemente. Se dedica mucho a la paliación del dolor y a buscar nombre a cada trastorno síquico, pero nada se sabe, o por lo menos, no se tiene en cuenta, el dolor espiritual. La Biblia una vez más nos da la respuesta del origen de todo tipo de dolor. El dolor tiene su causa primera en el ser humano, pues este decidió voluntariamente transgredir la Ley espiritual y natural que Dios sabiamente había impuesto. Los humanos desde antaño creemos que por nosotros mismos hallaremos un estatus mejor y terminamos intentando, como Adán y Eva, arreglar el asunto con unas simples hojas de higuera, cuando el problema es más profundo debido al destrozo físico, síquico y espiritual que nos hemos causado debido a nuestra torpeza de miras. El fruto de nuestro desatino: EL PECADO que nos separa de Dios y causa de todo dolor.

Y el SEÑOR Dios hizo ropa de pieles de animales para Adán y su esposa. (Génesis 3:21)

Es difícil entender, y aún más aceptar, que el culpable del dolor humano en todas sus esferas, es el propio hombre. Dios no se queda impávido ante nuestra necesidad de atajar el dolor. Él no usa de hojas de higuera, sino que mata a un animal a ojos de ellos y les cubre con su piel para tapar la vergüenza que sentían por haber despreciado la sabiduría divina. Ante grandes males, grandes remedio, nos enseña el refrán. Ante el gran mal del pecado humano Dios salió al rescate con un gran remedio: JESUCRISTO. Él vino a nosotros a tapar nuestro dolor y vergüenza de una vez y para siempre salvándonos del dolor más fuerte: la separación de Dios. Y pondré hostilidad entre tú y la mujer, y entre tu descendencia y la descendencia de ella. Su descendiente te golpeará la cabeza, y tú le golpearás el talón» (Génesis 3:15). Jesús hirió de muerte a Satanás y este solo le hizo una pequeña herida cuando murió en la cruz para salvarnos. Cristo salió victorioso y la muerte derrotada. Tan solo cree en Jesús, querido lector.

Pon remedio a tu dolor espiritual.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

sábado, 5 de agosto de 2017

Distinguiendo IV

Ahora nos ocuparemos del personaje clave en esta historia.

La actuación de Dios
           
El salmista pone a Dios donde debe estar: 

Primero: Dios es trascendente y no tiene mucho que ver con nosotros, excepto, lo que Él quiere tener que ver con nosotros. Me explico: Dios se halla en el lugar más privilegiado del universo, Su Santo Templo (11:4a). El Templo es Su lugar de adoración y ninguno hombre puede acceder a la adoración que Dios merece y nadie puede alcanzar Su grado de santidad. Dios no comparte con Su creación la adoración que esta le debe y Su especial santidad que conlleva la perfección a grados inimaginables para justos y malos. En ese sentido Dios no tiene nada que ver con nosotros, seamos justos o malos. Lo contrario, la adoración al hombre no es adoración, es idolatría. La santidad distingue a Dios.

Segundo: Dios se halla sentado en Su Trono, gobernando (11:4b). El trono es símbolo de gobierno y Dios no ha dejado ni por un momento de gobernar. Está sentado en Su Trono como muestra evidente de Su autoridad. Autoridad que ningún ser creado podría ejercer jamás pues Dios tampoco comparte Su soberanía. En este otro sentido, Su Señorío, Dios no tiene nada que ver con nosotros, seamos justos o malos. Lo contrario, la sumisión al hombre déspota no es autoridad, es tiranía. La autoridad distingue a Dios. Una vez que se deja claro que Dios es superior a lo humano, en santidad y autoridad, David, compositor de ambos salmos, nos habla de lo que Dios hace o va a hacer con justos y malos.

El Dios Santo y Gobernante ve y examina a los justos y a los malos (11:4c). Dios actúa mostrando que nada escapa a Su interés y control. Dios conoce todas las partes, siendo así, entre otras cuestiones, que está capacitado para tomar parte como juez, dando un veredicto y haciéndolo cumplir. Ahora voy a ser más escolástico presentando una tabla de contraste que resume el resultado del juicio de Dios sobre justos y malos.

Dios prueba al justo (11:5a) - Dios aborrece a los malos (11:5b)
Dios premiará al justo (11:7)  - Dios castigará a los malos (11:6)
Dios salvará al justo (12:5) - Dios destruirá a los malos (12:3)

Dios prueba al justo al igual que a los malos pero aborrece a estos últimos. Dios premiará al justo dejando mirarle cara a cara. Dios castigará a los malos con grandes calamidades. Dios salvará al justo de la opresión. Dios destruirá a los malos debido a su habla mentirosa y engreída. Dar la recompensa a los justos o dar el castigo a los malos por sus actuaciones, distingue a Dios.

Los últimos tres versículos del Salmo 12 nos ofrecen un broche de oro como final basado en las promesas divinas.  Las promesas del SEÑOR son puras como la plata refinada en el horno, purificada siete veces. Por lo tanto, SEÑOR, sabemos que protegerás a los oprimidos; los guardarás para siempre de esta generación mentirosa, aunque los malvados anden pavoneándose y se alabe el mal por toda la tierra. (Salmos 12:6-8). Dios cumplirá Sus promesas hechas a los justos (12:6). El Señor los protegerá de los malos aunque se pavoneen y se prefiera el mal en todo el mundo (12:7-8).
           
La película “El gran debate” nos muestra como un grupo de estudiantes universitarios, liderados e inspirados por su maestro Melvin B. Tolson, aprendieron a sostener argumentos lógicos, confrontarlos y defenderlos en debates. De esa manera, sus aprendices empezaron a destacar y a competir con otras escuelas, atravesando las odiosas barreras sociales existentes en el año 1935. Para motivarlos les hacia responder a las siguientes preguntas:

‒ ¿Quién es el Juez?
‒El Juez es Dios
‒ ¿Por qué es Dios?
‒Porque Él decide quién gana o no. No mi oponente.
‒ ¿Quién es tu oponente?
‒Él no existe.
‒ ¿Y por qué él no existe?
–Porque nada más es una voz contraria a mi verdad.

¡Exacto! Habla con la verdad.

¿Es Dios tu fuente de la verdad?


¡QUE DIOS OS BENDIGA!

sábado, 29 de julio de 2017

Distinguiendo III

La actuación del malo

El malo, en la Biblia, es lo opuesto al justo. El malo es aquel que es contrario a la justicia de Dios de forma consciente, al punto de llegar a odiar a Dios y a los justos, los cristianos. Por consiguiente, el malo es el pecador que sigue esclavizado a su naturaleza caída, viviendo al margen de la ley de Dios.

El malo actúa usando sus armas contra los justos (11:2). La descripción nos hace percibir una trama muy bien pensada y meditada. El malo es muy consciente de su maldad. Ni siquiera desea el protagonismo, por eso su ardid lo lleva a cabo en “lo oculto” donde nadie lo ve. Sus flechas van destinadas a los “rectos de corazón”, es decir, los justos. El Cristianismo está en el punto de mira del malo. Cuando quieren quitar a Dios de la ecuación se acogen a la ciencia inventando la evolución, que no es otra cosa que ningunear a Dios y al ser humano. Cuando ven que con esas no pueden, se acogen a los sentimientos volubles de la humanidad, inventando la ideología de género que promueve el “no me siento bien con mi cuerpo”. De igual forma ningunean a Dios y al ser humano que tiene la imagen de Dios. Son camaleónicos en esencia. Usar sus armas contra los justos distingue al malo.

Además, el malo actúa mintiendo a todos de forma aduladora e  hipócrita (12:2). Hace mucho que la mentira quedó como un pecado venial. Un pecadillo sin importancia. Socialmente está bien visto pues de esa forma todos quedan bien con todos, aunque se odien a muerte y no se puedan ver. Cuando menos lo espera el justo se encuentra con un puñal clavado en la espalda de alguien que momentos antes lo había ensalzado exageradamente. Las mayores puñaladas las he recibido de personas que me reían las gracias de forma ostentosa, para al cabo de un tiempo experimentar su odio y rechazo. Preferible es oír la verdad, en amor, que las risas del que te odia. El malo por definición odia al justo, por consiguiente, hará todo lo posible con sus palabras para ganarlo y después desecharlo. Valerse de la mentira aduladora e hipócrita distingue al malo.

Otra característica que distingue al malo es su uso de la libertad de expresión con libertinaje (12:4). En la NTV se lee «Mintamos todo lo que queramos —dicen —. Son nuestros los labios; ¿quién puede detenernos?». Ver una sesión parlamentaria, una entrevista televisiva o una simple opinión callejera, venga de quien venga, tiene tintes libertinos. No hay cortapisas morales para lanzar opiniones. “Si no sé algo, lo invento”, como dirían los pedantes. El malo miente de forma consciente y pretenciosa. Consciente porque sabe que es mentira, y se cree su propia mentira. Pretenciosa porque desea arrastrar a todos con su mentira, especialmente a los justos. El libertinaje mentiroso distingue a los malos.

Una aclaración: Los justos a veces se comportan como los malos pero ellos, a diferencia de los malos, buscan el perdón y la restauración. Recapitulando: El uso de sus armas ocultas, la mentira aduladora e hipócrita y el libertinaje sin fronteras contra el justo, distingue al malo. ¿Veis la diferencia? El justo pide salvación para el malo y el malo pide perdición para el justo.

¿Eres tú como el malo?

¡QUE DIOS TE BENDIGA!