Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en Él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna. Juan 3:16.

sábado, 25 de agosto de 2012

Parábolas


Una manera excelente de enseñar es por medio de historias. Historias, muchas veces inventadas, que tratan de mostrarnos algunas verdades por medio de las circunstancias que las envuelven. Las fábulas de Esopo son una muestra de ello:

La tortuga y el águila

Una tortuga que se recreaba al sol, se quejaba a las aves marinas de su triste destino, y de que nadie le había querido enseñar a volar. 
Un águila que paseaba a la deriva por ahí, oyó su lamento y le preguntó con qué le pagaba si ella la alzaba y la llevaba por los aires. 

- Te daré – dijo – todas las riquezas del Mar Rojo.

- Entonces te enseñaré a volar – replicó el águila. 

Y tomándola por los pies la llevó casi hasta las nubes, y soltándola de pronto, la dejó ir, cayendo la pobre tortuga en una soberbia montaña, haciéndose añicos su coraza. Al verse moribunda, la tortuga exclamó:

- Renegué de mi suerte natural. ¿Qué tengo yo que ver con vientos y nubes, cuando con dificultad apenas me muevo sobre la tierra?

Si fácilmente adquiriéramos todo lo que deseamos, fácilmente llegaríamos a la desgracia.


De la misma forma son conocidos los cuentos de Rabindranath Tagore:

El regalo

Quiero hacerte un regalo, hijo mío, pues la vida nos arrastra a la deriva.

El destino nos separará, y nuestro amor será olvidado.

Ya sé que sería demasiada ingenuidad creer que puedo comprar tu corazón con mis regalos.

Tu vida es aún joven, tu camino largo. Bebes de un sorbo la ternura que te ofrecemos, luego te vuelves y te vas de nuestro lado.

Tienes tus juegos y tus compañeros, y comprendo que no nos dediques ni tu tiempo ni tus pensamientos.

Pero a nosotros la vejez nos da ocasión de recordar los días pasados, de reencontrar en nuestro corazón lo que nuestras manos perdieron para siempre.

El río corre rápidamente y rompe, cantando, todos los obstáculos que se le presentan. Pero la montaña inmóvil lo ve pasar con amor y guarda su recuerdo.



Unas historias realmente magistrales que nos retan a meditar en lo importante de la vida. Pero... se quedan ahí sin trascender a nuestra propia vida. Estas fábulas no nos preparan para la eternidad porque no miran más allá de la vida material. Sabes, querido lector, somos seres con un propósito eterno y este propósito esta revelado en la Biblia.


Jesús uso de historias que Él mismo inventaba para enseñar verdades eternas. Cristo sí miraba más allá que Esopo o Tagore. Sus historias se llaman PARÁBOLAS y han influenciado en el pensamiento humano desde que fueron contadas. A Dios gracias que no nos han sido legadas por tradición oral sino por la tradición escritural, cuyo documento es la Biblia.

No sé que daría por tener la décima parte de la lucidez y la inventiva de mi Señor Jesús para compartir contigo de forma que el mensaje cale en lo más profundo de tu mente y corazón. En Jesús concordaban al cien por cien vida y mensaje: Jesús no daba un mensaje ¡ÉL MISMO ERA EL MENSAJE! Y esto, como tantas otras cosas, le hace especial por encima de todos los contadores de historias habidos y por haber. Si lees los cuatro evangelios, Mateo, Marcos, Lucas y Juan conocerás de primera mano las enseñanzas eternas que hay en sus parábolas.


Hoy quiero compartir contigo La parábola del sembrador.

Aquel día salió Jesús de la casa y se sentó junto al mar. Y se le juntó mucha gente; y entrando él en la barca, se sentó, y toda la gente estaba en la playa. Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar. Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron. Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno. El que tiene oídos para oír, oiga.
(Mateo 13:1-9)


Un poco más adelante el mismo Jesús explica a sus discípulos el significado de esta parábola, y es como sigue:

Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador: Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino. Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza. El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa. Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno. (Mateo 13:18-23)


El sembrador es el que difunde la semilla, que es el mensaje del evangelio. Los diferentes lugares donde es compartido el mensaje (sembrada la semilla) son los corazones y mentes (camino, pedregales, espinos, buena tierra) de las personas.


Déjame que te explique brevemente las buenas noticias del evangelio.

Tú y yo hemos pecado contra Dios porque hemos hecho lo que es contrario a su voluntad y deseo. Él tenía un propósito extraordinario para tu vida y la mía. Lo tiramos todo por tierra por la simpleza de hacer lo que nos viene en gana. Desobedecimos a Dios y Él nos desheredó destituyéndonos de su presencia. Desde entonces nos ganamos la muerte física y eterna y estamos bajo el juicio de Dios. Para más desgracia no hay forma alguna de conseguir el perdón de Dios por nuestros medios y esto nos lleva a vivir vacíos y sin propósito. Él único que podría hacer algo es Dios al cual ofendimos con nuestro pecado. ¡Y LO HIZO! Envió a Jesús, su Hijo, a pagar la deuda de nuestra calamidad. Murió en una cruz para que pudiéramos ser liberados de la esclavitud y las consecuencias del pecado en nuestras vidas. Ahora te toca a ti, yo ya respondí positivamente en su día al ofrecimiento de salvación de Dios, responder. Si tu respuesta es creer en el evangelio y arrepentirte de todos tus pecados, Dios te recibe como hijo de pleno derecho y cuando mueras irás al Cielo. Si por el contrario rechazas la oportunidad de encontrar la paz con Dios sigues con el juicio condenatorio de Dios sobre tu vida. Cuando mueras irás al infierno. No lo digo yo, lo enseña la Biblia.


Ahora yo te preguntó:

¿En qué estado está tu mente y corazón para creer y retener para siempre el mensaje del evangelio? Para Jesús hay cuatro tipos de tierra:

Camino: si eres camino no has entendido el evangelio y lo poco que hayas podido entender Satanás lo borrará de tu mente y corazón. ¡Qué triste haber escuchado o leído el precioso evangelio de Dios y no tener la inteligencia y agudeza mental para entenderlo! Que Dios te dé sabiduría y puedas escapar del mal camino.


- Pedregales: si eres terreno pedregoso las raíces del evangelio no ahondarán en ti. Recibes como viento fresco el maravilloso mensaje de salvación y en la primera ocasión que tu fe es probada sales huyendo porque tratas de conservar tu status social por temor a qué dirán si saben que soy cristiano. Dios te libre de ser tierra dura para que no claudiques de la salvación eterna que Jesús ganó en una cruz por amor a ti.


- Espinos: si tu tierra está llena de espinos es que vives afanado y ahogado por las tendencias y formas de vivir de esta sociedad alejada de Dios y su palabra. Amas por encima de todo a las riquezas que son engañosas pues ensordecen el llanto de tu alma, quieres alcanzar un nivel social, prestigio y fama envidiables y no cuidas el estado de tu alma. El Señor tenga misericordia de ti si te hayas esclavizado por las cadenas de este mundo mentiroso y te dé luz en tu oscuridad para que veas que el tesoro más preciado es Él.


- Buena tierra: si eres buena tierra has oído y entendido el mensaje de salvación en Cristojesús que estoy compartiendo contigo. La muestra de lo que te digo es que tendrás frutos acordes a tu nueva vida en Cristo. Serás libre para servir a Dios de forma entusiasta porque habrás entendido el alcance de su amor por ti. Si antes mentías, ya no mientes; si antes robabas, ya no robas; si antes adulterabas, ya no adulteras. En tu corazón hay un nuevo rumbo y propósito. Tus ojos han sido abiertos por el amor de Dios por ti. ¡ESTO SÍ QUE ES VIDA!

¿Qué tipo de tierra eres?

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

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