Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en Él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna. Juan 3:16.

sábado, 23 de marzo de 2013

Cosas Perdidas


A Jesús se acercaban todo tipo de personas. Potentados, militares, religiosos, ricos, pobres, leprosos, tullidos y endemoniados. Él fue muy criticado por el mero hecho de entablar conversación con los parias de la sociedad en la que vivía. Estos marginados buscaban a Jesús porque se sentían junto a Él respetados y entendidos, mucho más que todo eso ¡AMADOS! El amor mueve montañas que de otra forma serían inamovibles. El amor que Jesús daba a estos necesitados era el imán que necesitaban para sentirse dignas criaturas de Dios. Un día más se acercaron a Jesús pecadores para oírle y nuevamente lo criticaban por ello.

Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come. (Lucas 15:1-2)


Jesús albergaba y comía 
con los pecadores, es decir, 
intimaba con ellos 
ganando su amistad.
Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido. (Mateo 18:11)


Jesús vino a encontrar cosas perdidas y le traía al fresco las críticas de los que lo criticaban y aborrecían por pura envidia y soberbia.






Jesús vino a buscar a la oveja perdida. Aquella que se apartó del rebaño y se sintió sola, con miedo y sin nadie que la quisiera rescatar.







Jesús vino a buscar la moneda perdida. Una moneda que era de muy poco valor y que otro ni siquiera se hubiese tomado la molestia de agacharse para cogerla.






Jesús vino a buscar el hijo que se había perdido. Aquel que malgastó su herencia en disolución y que acabó oliendo tan mal que los demás ni se acercaban.








Jesús encontró a la oveja y la puso en lo más alto, sobre sus hombros. Jesús encontró la 
moneda de poco valor y la mostró con alegría a todos. Jesús encontró al rebelde y maloliente hijo perdido y lo abrazó y lo besó.


Estas tres historias que Jesús narró a sus oyentes son una demostración del objetivo para el cual vino: amar lo que nadie ama, buscar lo que nadie busca, festejar la restauración de las personas. Y para eso puso todos los medios a Su alcance. Es tremendo, Jesús amó al que no lo amaba, Jesús buscó al que no le buscaba y Jesús le hizo fiesta al que respondió a su amor. ¡JESÚS LO HACE TODO POR TI Y POR MI!



Si estás pasando por depresión y angustia como la oveja perdida Jesús sale a tu encuentro y te ofrece elevarte sobre sus hombros. Él quiere que veas tu situación desde lo alto porque desde donde te encuentras no tienes la panorámica suficiente para dejar tus angustias y temores atrás. Solo Jesús puede liberarte.





Al que desde siempre se ha sentido minusvalorado como aquella moneda de poco valor Jesús ha movido Cielo y Tierra para darle un valor incalculable en Sus tiernas manos. Tú eres el objetivo de Su amor. Él quiere mostrarte como algo muy valioso delante de todos.





Al que ha despilfarrado su vida, salud, familia, amistades, y todo lo que le rodea se ha ido a hacer gárgaras Jesús corre a tu encuentro, te abraza, te besa, te restaura y hace fiesta en tu honor.



Todos somos, o hemos sido, como la oveja, la moneda y el hijo pródigo. Torpes, sin valor y rebeldes. Dios no tenía que haberse molestado en buscarnos ya que nosotros andábamos despistados a más no poder. Pero Jesús nos amó viendo nuestra necesidad y trazando el mayor plan de salvación de la historia de la humanidad.
¿Por qué nos describe Jesús como torpes, sin valor y rebeldes? Nos ve torpes ya que erramos en nuestras decisiones referente de seguirlo. Nos ve sin valor pues lo perdimos todo al desobedecer a Dios pecando contra Él. Nos ve rebeldes porque somos tozudos y no queremos dar nuestro brazo a torcer.


¡SOLO JESÚS TE DA EL VALOR QUE TIENES! Chica o chico, me parece que tienes que ser muy importante para Dios como para buscarte de esa forma tan insistente. Él no quiere que te quedes perdido. Varias cosas debes tener en claro: (1) Has pecado contra Dios y, consecuentemente, esto es un delito que se paga con la muerte. Dios Padre así lo exige pues está airado contra ti. (2) No hay nada que puedas hacer para librarte de esta condenación, es decir, aunque seas bueno, aunque seas un lumbreras, aunque tengas todo el oro del universo, no te librarás de la condena que pende sobre ti. (3) Por esta causa, tu pecado, es que Jesús te ve perdido. (4) Dios, el agraviado, manda a Su Hijo Jesucristo a pagar la deuda que solamente Él está capacitado para satisfacer, y lo hace muriendo en el lugar que a ti te correspondía. (5) De esta forma ya no hay deuda con el Padre por pagar y lo único que urgentemente has de hacer es creer en Jesús como único Señor y Salvador, arrepintiéndote de tus pecados y de esta forma comenzar a caminar con los parámetros de Dios para ti, establecidos en la Biblia. Si no aceptas a Jesús tú mismo te estás condenando al rechazar su ofrecimiento y el juicio de condenatorio de Dios te llegará sumariamente el día que estés delante de Él. Piénsalo, amigo lector, y huye de una vida perdida.

Jesús te ama perdidamente para encontrarte.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

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