Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en Él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna. Juan 3:16.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Cuello Tenso

Cada día estoy más convencido de que Dios nos creó como una unidad indivisible. Lo que pasa por nuestra mente afecta a nuestro cuerpo, y viceversa, lo que nuestro cuerpo siente afecta a nuestra mente. Cuando experimentamos paz todo nuestro ser se ve afectado por ese estado de gracia, por el contrario, al experimentar sentimientos negativos todo el cuerpo reacciona con sensaciones desagradables. Esas sensaciones desagradables van desde simples alteraciones físicas a grandes depresiones. En una sociedad cada día más individualizada es políticamente incorrecto hasta sugerir cual es la manera mejor de vivir, aunque esta exista realmente. Sé que en muchos rechazan de pleno el mensaje de Jesucristo porque simplemente les causa “urticaria” causando picazón en su mente y transmitiéndose a su cuerpo de la forma que nos dice la Biblia. 

El hombre que reprendido endurece la cerviz, de repente será quebrantado, y no habrá para él medicina. (Proverbios 29:1)

Según la Biblia, la Palabra de amor de Dios para ti, estás perdido a causa de tus pecados demostrados en tu forma de vivir alejada de la ley de Dios. Como Dios, aunque es amor, es justo, no puede pasar por alto tus delitos, por lo cual, has de pagar con la muerte por ellos. ¡Terrible, pero verdadera noticia! Estás perdido en el infierno porque no puedes satisfacer de ninguna forma la ira de Dios en contra tuya. Como Dios, aunque es amor, es justo, no quiere que te pierdas y mandó a su Hijo Jesucristo a pagar la deuda de tus pecados porque Jesús nunca jamás cometió un solo pecado. Jesús, el Justo, murió por los injustos, es decir, tú y yo. Ahora simplemente debes arrepentirte ante Dios por tus pecados y creer en Jesucristo haciéndolo tu Salvador y Señor. Si no recibes la salvación que Jesucristo ganó para ti en la cruz, seguirás siendo un futuro habitante del infierno.

El mensaje anterior causa en las personas diferentes estados de ánimo y físicos. Unos simplemente son indiferentes, otros se ríen, otros endurecen su cerviz, es decir, ponen su cuello en alto y bien duro porque el orgullo los consume. Resisten al mismo Dios y su mensaje de salvación por medio de Jesucristo. El rechazo que sucede en sus pensamientos se transmite a su cuerpo por medio de sus cuellos. Ahora bien, tu orgullo no resta verdad al mensaje de Dios sino que lo valida, si cabe, aún más. Escucha la advertencia si pones tu cuello tenso en señal de orgullo ofendido: De pronto serás roto, y no habrá ninguna medicina que te curará el cuerpo o la mente. Recuerda: Somos una unidad creada por Dios y lo que afecta al cuerpo, afecta a la mente… y viceversa.

Relaja el cuello, amigo.


¡QUE DIOS TE BENDIGA! 

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