Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en Él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna. Juan 3:16.

sábado, 12 de enero de 2013

La Ley Manda


Esta semana llamó mi atención la frase que utilizó una jueza como final de su dictamen en un conocido programa televisivo y que he tomado como préstamo para titular esta entrada: "La Ley Manda". Y es que una de las partes se tomó la ley por su mano saltándose cierto aspecto de la misma "a la torera", como decimos por estos lares. La cara que se le quedó al pobre al oír la argumentación y fallo de la jueza fue todo un poema que ilustró el estado de impotencia/frustración profunda que sintió ante la ley y la otra parte litigante. Fue, a ojos vista, toda una experiencia humillante. Antes de este final hubo tiempo para que los asistentes al programa se despacharan a gusto tomando parte defensora o acusadora de uno u otro demandante. Cuando veo este show me pregunto qué es lo que a personas normales les lleva a airear sus "trapos sucios" frente a todos. ¿Fama? ¿Dinero? ¿Otro...? ¿Realmente son personas normales? Aunque este no es el tema a mi me hace pensar en que cuanto menos tele veo mejor, aunque, no hay mal que por bien no venga, el verlo de camino me ha inspirado para escribiros estas palabras.


Lo que dijo la jueza es una gran verdad "La Ley Manda". Podemos intentar hacer lo mejor para nosotros y los demás. Podemos intentar ser lo más justos que nuestra sensibilidad alcance y tratar a todos por igual. Podemos intentar cumplir las leyes a raja tabla. Queremos ser lo mejor que sabemos ante nosotros y los que nos rodean. Nos gusta que los demás nos vean como personas legales y confiables y así tener el respeto de todos los que nos conocen. Déjame decirte algo: TODO ESO NO VALE DE NADA SI DE PRONTO, AUN SIN QUERERLO, COMETES UNA INFRACCIÓN DE LA LEY. En el momento que alguien es acusado ante la ley tiene el derecho de defender su acción. Pero esto, si se es culpable, no quita la carga de la culpabilidad, ni siquiera la disminuye. Es más, desconocer la ley no exime su cumplimiento. NO HAY ESCAPATORIA PARA EL CULPABLE porque LA LEY MANDA. El culpable, esté de acuerdo o no, debe cumplir la condena acorde con el delito y así pagar lo que la ley demanda. Un buen juez no dejaría al culpable sin ese castigo que merece. Hoy día, es otro pensamiento que se me viene, vemos malos jueces muy a menudo.


No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos. Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego. (Mateo 5:17-22)

Para Jesús también era importante cumplir la ley. Él afirmó que no había venido a anularla sino a cumplirla. Ni un solo punto, por pequeño que sea, de la ley de Dios será pasado por alto. Jesús amplia la cerca del concepto de incumplir la ley: Matar, enojarse, decirle a alguien necio son el mismo delito y merecen el mismo castigo, la muerte del transgresor. La Biblia designa la desobediencia a la ley pecado. Pecado es infringir cualquier punto de la ley divina y como la ley humana tiene su principio en los cánones divinos también es pecado no respetarla. Ahora bien, ¿has pecado? Quizá no hayas matado a nadie pero ¿te has enojado contra alguien? ¿has llamado a alguien necio? Si lo has hecho y todos lo hemos hecho, hay pecado en nuestras vidas. Hemos cometido delitos contra la ley divina.


Dios es un buen juez y no va a transigir con el mal que has cometido. Los pecados deben ser pagados y tú no puedes justificarte delante de un Dios tres veces Santo. Un día en el Cielo se efectuará un juicio contra ti, los libros serán abiertos, y en ellos están escritos todos los pecados por los que Dios te acusa. Según la Biblia "...nadie será justificado en presencia de Dios por hacer las obras que exige la ley; más bien, mediante la ley cobramos conciencia del pecado. (Romanos 3:20). Es que no hay nadie que haya podido cumplir con todos los requerimientos de la ley. Lo siento, pero el camino al Cielo está cerrado para el que ha pecado en lo más mínimo. Al igual que en la vida diaria si nos pillan violando las normas nos condenan, Dios nos pilla constantemente infringiendo Su ley y esto nos condena.


Si alguna vez han pagado algún delito tuyo que merecías pagar tú, si alguien ha abogado tomando tu lugar, comprenderás lo que Dios, por medio de Jesucristo, ha hecho en rescate por ti. Jesús tomó el lugar que nos correspondía a ti y a mí y saldó la deuda con Dios por los pecados de la humanidad. ¿Qué está pidiendo Dios de ti? Que respondas a Su obra de amor por ti. ¿Cómo? Reconociendo que hay pecado en tu vida y sólo Cristo es el que pudo, por medio de Su muerte en la cruz, pagar el precio por esos pecados que te tienen condenado ante el Padre. Arrepiéntete y cree en el evangelio de lo contrario la ley de Dios manda y ella está contra ti.


Mientras que la ley nos muestra cuán airado puede estar Dios con nuestras transgresiones, la Gracia es un regalo de Dios que nos muestra cuánto amor ha demostrado por cada uno al querer salvarnos. La ley. para nuestra naturaleza pecaminosa, es infranqueable, y solo la Gracia rompe todas la barreras que nos separaban del amor divino. Elige hoy la Gracia que te salvará y no te quedes con la Ley que te condena.

Solo la Gracia de Cristo salva.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

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