Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en Él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna. Juan 3:16.

sábado, 20 de julio de 2013

Descripción del Infierno

En el buzón he encontrado un pasquín publicitario bastante morboso describiendo un supuesto asesinato grabado en vídeo. Esta descripción de las escenas del vídeo es la que sigue y las reproduzco tal cual vienen en el folletito.

Angustioso, Agónico, Claustrofóbico,
Escalofriante, Miedo, Maldad, Martirio,
Pena, Oscuridad, Sufrimiento,
Desesperación y Muerte...


¡Caramba, esto se parece a una descripción del mismísimo infierno! Fue el pensamiento que rápidamente se me vino a la cabeza. Por lo menos se acerca bastante al concepto bíblico del infierno.



Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos. (Apocalipsis 20:10)

El infierno es descrito como un lago de fuego y azufre. Es un lugar como el sol. ¿Te imaginas caer bajo los estallidos atómicos y radiactivos del sol y no dejar de sentir el sufrimiento? Será igual que consumirse pero sin dejar de existir. ¡Terrible!

Lo peor del infierno son los seres que lo habitan. Seres que no te gustaría tener entre tus amigos, ni siquiera entre tus enemigos. Leíste bien, ni entre tus enemigos. Son de una calaña infernal, nunca mejor dicho. Personajes que no dudan ni un solo momento en hacerte daño con su influjo sibilino. Satanás está, cómo no, entre ellos, los ejércitos de ángeles caídos, y una serie de figuras de la misma estirpe. Alcatraz lleno de criminales contra la humanidad de todas las épocas históricas, sin barrotes, con todas las celdas abiertas, olor a azufre y fuego quemando la piel. Este sería un ejemplo suave para entender el sitio y sus habitantes maléficos.

Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.  (Apocalipsis 20:15)

¿Quién está anotado en el libro de la vida? Aquel que ha creído en Cristo y lo ha recibido como Señor, el que manda en su vida y Salvador, el que salva su vida. Entonces el que será echado al infierno es el que ha rehusado recibir a Cristo como Señor y Salvador. Concluimos que al infierno no solo serán condenados los entes espirituales satánicos, sino también todos aquellos que también no están inscritos en el libro de la vida, aquellos que no han creído en Jesús.

El infierno es descrito por Jesús en el evangelio como gehena que significa valle de Hinom y que era un lugar fuera de Jerusalén usado como basurero. Lo que Jesús estaba enseñando era que el infierno es el basurero universal de todos aquellos que, aun teniendo la oportunidad, pasaron de largo ante el ofrecimiento de salvación que Él les ofreció.

Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. (Apocalipsis 20:12-13)

Tus obras son la muestra de cómo has andado en la vida y ellas están bien anotadas en alguno de los libros que se van a abrir cuando Dios te juzgue por ellas. En cierta ocasión Jesús dijo: "Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira" (Juan 8:44). Sencillo de entender y difícil de aceptar. Si tu Padre no es Dios es el diablo, aquí no hay bando neutral. Si has mentido alguna vez has imitado a tu padre, el diablo. Hasta aquí es fácil de entender. Otra cosa bien distinta, como anoté antes, es aceptarlo. Jesús dijo en otra ocasión:

El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama. (Mateo 12:30)

Lo único que haces con tu vida es desperdiciarla ya que no vives para lo eterno sino para lo que un día va a cesar: la vida aquí. Aquí te labras el porvenir eterno. Es tan sencillo. Si crees en Cristo y te arrepientes de tus pecados vas al Cielo. Si no crees en Cristo y mucho menos te arrepientes de tus pecados, vas al infierno. ¡Hasta los niños entienden esto!

Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. (Juan 3:17-18)

Lee de nuevo el texto anterior si notas que algo no ha quedado claro. ¡Jesús vino a salvarte y no a condenarte! Tú te condenas a ti mismo por ser incrédulo. Eso es lo que Jesús está afirmando. El radio de acción es corto: creer o no creer. Si deseas ir al Cielo tiene tu nombre que estar escrito en el libro de la vida y para eso has de creer en que Cristo pagó por tus pecados en la cruz  y de esa forma borrar los delitos cometidos contra Dios. Medita lo que estás leyendo pues te va la vida en ello.

Una vez en el infierno ya no hay vuelta atrás. Nadie va a rescatarte del lago de fuego. Esto es lo más horrible: Dios te va a olvidar por la eternidad ya que tú no quisiste de forma consciente saber nada de Él. Piénsatelo. No es un juego ni un cuento de hadas.

Porque dice: En tiempo aceptable te he oído, Y en día de salvación te he socorrido. He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación. (2 Corintios 6:2)

Yo voy al Cielo, ¿y tú?

¡QUÉ DIOS TE BENDIGA!

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