Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en Él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna. Juan 3:16.

sábado, 6 de junio de 2015

Fe III: Fe en el Humanismo

Nos adentramos a partir de ahora en los diferentes tipos de fe que eligen muchos de la mano del librito ¿Tendré la fe correcta? Del ministerio RBC. ¡Que lo disfrutéis!

1. FE EN EL HUMANISMO

Uno de los objetos de fe equivocados del hombre es la fe en sí mismo. El humanismo, la expresión moderna de la creencia del hombre en el hombre, tiene sus raíces en el Renacimiento. El redescubrimiento de Aristóteles, un interés renovado en las artes, el espíritu de exploración, las mejoras en las técnicas de agricultura y la decadencia del sistema feudal dieron a la humanidad una nueva ola de confianza. Alberti expresó el nuevo pensamiento cuando escribió: «El hombre puede hacerlo todo si lo desea.» Müller continuó el pensamiento cuando dijo: «Vemos que el hombre puede hacer su propio futuro.»

Hemos visto un reavivamiento de la creencia del hombre en el hombre durante los últimos cuarenta años. La década de los sesenta fue de grandes logros. Se vencieron enfermedades como la polio y el hombre llegó a la luna. John F. Kennedy, expresando el espíritu de la época, dijo con confianza: «Todos los problemas del hombre fueron creados por el hombre y pueden ser solucionados por el hombre.»

El humanista dice que el hombre es la medida de todas las cosas. El humanismo descansa en la convicción de que el intelecto del hombre, cuando usa el método científico, puede encontrar soluciones a todos sus problemas y respuestas a todas sus preguntas. El hombre no necesita ayuda exterior. Tiene en sí mismo todos los recursos que necesita. Más aún, el humanismo dice que las cosas van a seguir mejorando. Una fuerza cósmica que opera detrás de la evolución garantiza la continuación del progreso. B. F. Skinner expresó la esperanza de los futuristas cuando escribió: «Todavía no hemos visto lo que el hombre puede hacer del hombre.»

Sin embargo, junto con los grandes triunfos del hombre vienen terribles sufrimientos y una injusticia dolorosa. La crueldad de nuestro mundo civilizado que produjo los campos de concentración nazis todavía está presente. La delincuencia sigue aumentando en todas partes. El suicidio en los adolescentes es cada vez mayor. El contraste entre los ricos sobrealimentados y los pobres que se mueren de hambre se hace cada vez más pronunciado. La tensión de vivir en un mundo donde un loco podría iniciar una guerra nuclear aumenta. El abuso de drogas, las enfermedades venéreas, el aborto y otros males sociales siguen siendo un problema. Es evidente que el desarrollo moral del hombre no lleva el mismo ritmo que su creciente conocimiento y poder científicos. Por tanto, algunos de los hombres que han adoptado el enfoque humanista de la vida ahora están desalentados y desesperados. Considere esta cita, extraída del Manifesto Russell/Einstein: «Hemos descubierto que los hombres que más saben [sobre el futuro] son los más tristes.»

Koestler escribió: «La naturaleza nos ha defraudado. Dios parece haber dejado el auricular desconectado y el tiempo se está acabando.»

El humanismo no es realista. La ilimitada confianza del hombre en sí mismo no se justifica. Por eso los humanistas deben, o bien ser ilusos, o volverse totalmente pesimistas, o salir de su sistema de creencias y hablar de una «inteligencia cósmica» que de alguna manera va a guiar las cosas a una conclusión adecuada.

¿Qué dice la Biblia?

Los siguientes versículos demuestran que la fe en el humanismo es una fe equivocada:

Muy breve es la vida que me has dado; ante ti, mis años no son nada. Un soplo nada más es el mortal, un suspiro que se pierde entre las sombras. Ilusorias son las riquezas que amontona, pues no sabe quién se quedará con ellas. (Salmos 39:5-6)

¿Temeré a los que confían en sus riquezas y se jactan de sus muchas posesiones? Nadie puede salvar a nadie, ni pagarle a Dios rescate por la vida. (Salmos 49:6-7)

Es mejor refugiarse en el SEÑOR que confiar en el hombre. (Salmos 118:8)

SEÑOR, ¿qué es el mortal para que lo cuides? ¿Qué es el ser humano para que en él pienses? Todo mortal es como un suspiro; sus días son fugaces como una sombra. (Salmos 144:3-4)

No pongan su confianza en gente poderosa, en simples mortales, que no pueden salvar. (Salmos 146:3)

Hay caminos que al hombre le parecen rectos, pero que acaban por ser caminos de muerte. (Proverbios 14:12)

Así dice el SEÑOR: « ¡Maldito el hombre que confía en el hombre! ¡Maldito el que se apoya en su propia fuerza y aparta su corazón del SEÑOR! Será como una zarza en el desierto: no se dará cuenta cuando llegue el bien. Morará en la sequedad del desierto, en tierras de sal, donde nadie habita. »Bendito el hombre que confía en el SEÑOR, y pone su confianza en él. Será como un árbol plantado junto al agua, que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme que llegue el calor, y sus hojas están siempre verdes. En época de sequía no se angustia, y nunca deja de dar fruto.» (Jeremías 17:5-8)

No es que nos consideremos competentes en nosotros mismos. Nuestra capacidad viene de Dios. (2 Corintios 3:5)

A los ricos de este mundo, mándales que no sean arrogantes ni pongan su esperanza en las riquezas, que son tan inseguras, sino en Dios, que nos provee de todo en abundancia para que lo disfrutemos. (1 Timoteo 6:17)[1]

Pon tu confianza en Dios, y no en el hombre.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!




[1] Varios autores, ¿Tendré la fe correcta?, Ministerios RBC, Grand Rapids, Michigan 2007

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