Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en Él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna. Juan 3:16.

sábado, 14 de noviembre de 2015

Sin Dioses y Religiones

Execrable, como poco, es el terrorismo sufrido anoche por los parisinos. Lupus est homo homini, o lo que es lo mismo, lobo es el hombre para el hombre. Somos malos para con nosotros mismos y lo ocurrido ayer es una muestra extrema de ello. Truncar vidas en nombre de dioses o religiones es plenamente absurdo. En ese sentido concuerdo con el siguiente comentario vertido en elpaís.com.

Manuel GirónLAMENTABLEMENTE, una vez más, la intolerancia golpea a París con ataques terroristas sin sentido alguno. Sin dioses y religiones posiblemente seríamos mejores humanos.[1]

Sí, los diosecillos y las religiones esclavizan empobreciendo la inteligencia y la moral, dejándonos escenas tales como las vividas en París y que se van repitiendo a lo largo de la historia de la humanidad, llegando a nuestros días. Mal interpretamos la gran mayoría de las cuestiones y no iba a ser menos con Jesús. Él no vino a instaurar una religión como un diosecillo más. Él vino a proclamar las buenas nuevas de salvación para todos porque es Dios, en mayúsculas. El único Dios, no hay otro. Todos los demás son diosecillos inventados para justificar nuestros actos bochornosos y pecaminosos.

¿Cuál es el germen de tamaña locura? Me atrevo a decir que nuestros actos diarios. Hay que reconocer el grado de atrocidad del terrorismo, pero no menos atroces son los abortos diarios de bebés inocentes que no se pueden defender mientras no hacemos nada, los miles que huyen de sus países por regímenes malvados y nos quejamos de ello porque sentimos que nos van a quitar el pan o los millones de parados por culpa de unos gobiernos que son corruptos, a los cuales no les importamos lo más mínimo. Actos diarios que cauterizan la mente y el corazón haciéndonos insensibles ante tanto horror.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. (Juan 3:16)

El amor de Dios por nosotros es el antídoto que nos puede librar del mal que generamos nosotros solitos. La clave está en Jesucristo. El Padre lo entregó por nosotros para que tengamos lo posibilidad de redención por todos nuestros pecados y así poder ser salvos de la ira de Dios debido a nuestras perversiones (pecados), pequeñas o grandes, si es que se pueden medir de esa forma tan simplista. Si no quieres perderte y disfrutar la vida eterna de Dios, ven hoy a Jesús, cree en Él y arrepiéntete de tus pecados. Así de fácil, así de radical.

Deja los diosecillos y las religiones.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

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