Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en Él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna. Juan 3:16.

sábado, 20 de febrero de 2016

Recibir lo Merecido

Todos habremos de dar cuentas. Muchos, la mayoría, viven tranquilos porque albergan la esperanza de que todo acabe cuando la vida les deja. ¡Nada más lejos de la verdad! Todos, absolutamente todos habremos de dar cuentas por lo bueno y por lo malo que hicimos desde el nacimiento hasta el momento de la muerte. Con el fin de sopesar nuestra conducta y que no salgamos indemnes, nos espera el Tribunal de Cristo al otro lado de la vida.

Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo. (2 Corintios 5:10)

La verdad, si me presento ante ese excelso Tribunal, o lo que es lo mismo, ante Cristo con mi bagaje… lo tengo crudo, muy crudo. Quizá, solo quizá, no haya infringido algún punto de la Ley de Dios, pero el haber roto algún que otro plato me hace culpable ante Dios. No tengo escapatoria. No tienes escapatoria porque estamos hechos de la misma pasta.

¿Cómo nos presentamos ante el Tribunal de Cristo y salir justificados? Habiendo hecho lo bueno. Lo bueno es solicitar clemencia antes de comparecer ante el Tribunal de Cristo, mientras vivimos. Después no hay arreglo posible. Pide clemencia ahora que puedes a Jesús y Él te justificará para que seas librado de una condena segura. Cree en Jesús, arrepintiéndote de tus pecados. Hazlo hoy, mañana es tarde.

En una sociedad donde el respeto por las cosas de Dios se ha perdido hablar del Tribunal de Cristo resulta inverosímil. Nadie cree que vaya a celebrarse dicho juicio. No menos cierto es que nuestros pecados nos acusan y delatan. Cada día más los poderes públicos se alejan de los preceptos bíblicos y como fruto hay ejemplos de blasfemias que hasta a los ateos les horripila. ¡Ojo, un día el Tribunal de Cristo pondrá a cada uno en su sitio!

Ahora es tu momento.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

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