Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en Él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna. Juan 3:16.

sábado, 28 de mayo de 2016

Mitos y Leyendas

Estoy seguro que muchos de los que se topan con este blog se toman su mensaje como mítico o legendario. El mensaje contenido aquí, para ellos, es anacrónico, anticuado y superado desde tiempo ha. A mí, realmente, no me extraña ya que así ha sido desde que es conocido el mensaje del amor de Dios hacia el hombre: el evangelio de Jesucristo. También, estoy seguro que debo seguir predicándolo, aunque otros lo encuentren desfasado e inútil. Dios quiere que lo haga, y lo seguiré haciendo. ¡El evangelio es el único mensaje de esperanza para este mundo deteriorado por el pecado y sin esperanza!

Ahora bien, la gente prefiere creer en tradiciones orientales, su ciencia, su consejo, la religión y su capacidad con el fin de salvarse por méritos propios. La gente hace y experimenta mil millones de situaciones y creencias con tal de no dar su brazo a torcer ante un Dios que demanda arrepentimiento de los pecados y fe. He de reconocer que es muy fácil seguir mis propios pensamientos para no doblegar mi soberbia y orgullo, aunque la evidencia y la conciencia me hablen en otra dirección: ¡En el hombre no hay esperanzas de salvación!

Déjame que insista: Solo en Jesús hay salvación porque el cargó con todos los pecados de la humanidad. Sí, con los tuyos, los de tus vecinos y los míos. Jesús pagó en una cruz para que pudiésemos ser salvos de la ira que pendía sobre nosotros por haber pecado dejando a Dios de lado. ¡Amor inefable! Esta historia no es un mito y no es una leyenda. Esta historia es la pura verdad, la creas o no. Hay pruebas científicas, hay testigos oculares, hay infinidad de documentos que lo avalan. ¡Jesús nos visitó!

Dios, por medio de Su Hijo Jesucristo, dio el primer paso. Tú debes responder: creer o no creer, esa es la cuestión. La única cuestión para decidir donde pasas la eternidad: Cielo o Infierno.


Tú eliges qué creer.


¡QUE DIOS TE BENDIGA!

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