Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en Él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna. Juan 3:16.

sábado, 6 de agosto de 2016

Frente al Espejo

Todos de alguna forma creemos o hemos creído que la solución de los problemas de la humanidad pasa por una justicia social justa que reparta por igual los recursos a cada persona. Además, con los tiempos que corren, la libertad para hacer todo aquello que las mayorías deciden es un aspecto a destacar. Por lo tanto, justicia social y libertad de acción son los paradigmas que cada uno demanda para que todo se solucione.

Jesús no vino a proponer que la justicia social sería la clave para vivir en paz. Jesús tampoco proclamó que la opinión de las mayorías resolvería nada en el camino a la libertad, más bien nos está llevando al libertinaje. Todo vale con tal de que me guste. Jesús propuso que nos pusiésemos frente al espejo y de esa forma ver qué imagen se reflejaba.

Sí, querido lector, la imagen reflejada en el espejo es la tuya y la mía. Jesús nos confronta con nosotros mismos. Lo fácil es mirar alrededor y encontrar los culpables en nuestro entorno. “Si no me hubieran hecho tal cosa…”, “si mi esposa fuese diferente…”, “si mis jefes…”, “si mis vecinos…”, “si el gobierno…”, “si no fuese por este calor…”, “si…”, “si…”… Todo con tal de no echar una ojeadita al espejo… no el mágico de pacotilla… sino al que nos hace ver quiénes somos realmente: la Biblia.

Volviéndose Pedro, vio que les seguía el discípulo a quien amaba Jesús, el mismo que en la cena se había recostado al lado de él, y le había dicho: Señor, ¿quién es el que te ha de entregar? Cuando Pedro le vio, dijo a Jesús: Señor, ¿y qué de éste? Jesús le dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú. (Juan 21:20-22)

La escena anterior puede que nos resulte conocida debido a la actitud de Pedro de “preocuparse” por los demás aparentando preocupación. Lo que Pedro denotaba con su pregunta era lo que muchos dicen: “Los demás necesitan ayuda, yo no”. ¿Lo has dicho, pensado o sentido en alguna ocasión? Si eres sincero contigo mismo, ahora que nadie te ve, responderás que lo dijiste, pensaste o sentiste en alguna ocasión.

Jesús te pregunta: “¿Qué más te da? Sígueme y no te preocupes por los otros sin un interés real”. Jesús vino a restaurar a cada persona que se mire en el espejo y se dé cuenta de la necesidad imperiosa de cambio. Esconderse bajo el típico “yo no robo, yo no mato, yo soy bueno, yo…, yo…” solo sirve para alargar más la situación de separación eterna de Dios que tienen todos aquellos que no creen en Jesús.

Jesús vino a salvarte a ti por medio de Su muerte en una cruz como pago frente a la deuda que contrajiste con el mismo Dios, por haber pecado contra Él. No sigas más mirando a tu alrededor. El espejo te refleja a ti. Tú eres el que necesita cambiar por medio de Jesús. No esperes más y deja que Jesucristo sea tu espejo.

Jesús quiere arreglarte a ti.


¡QUE DIOS TE BENDIGA!

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