Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en Él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna. Juan 3:16.

sábado, 19 de agosto de 2017

Dios en Guerra

Sí, Dios está en guerra. Es una guerra sin tregua ni cuartel. Sin descanso. Lo que está en juego es esencial para Dios: la salvación del hombre. Ciertas facciones radicales luchan de la misma forma pero con fines diferentes. Dios guerrea en beneficio de la humanidad y la humanidad, en general, lucha para imponer sus criterios, que a veces, demasiadas veces, son criterios aberrantes. Que el hombre es un lobo para el hombre ya ha quedado definitivamente fuera de toda duda desde tiempos inmemorables. Los ciegos profetas del “todo va bien” falsean la realidad de un mundo que sangra por los cuatro costados. El hombre necesita ser salvado del mismo hombre. Esa es la guerra en la cual Dios se implicó desde que Su creación, la humanidad, pecó.

Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz. (Colosenses 2:13-15)

El conflicto: El pecado del hombre es el desencadenante de la guerra divina por salvar a la humanidad. El pecado es vivir alejado de Dios. Si no cuentas con Dios como guía ya tienes la evidencia de que eres un pecador y, por consiguiente, eres la causa principal de que Dios esté en guerra. Dios quiere salvarte.

La amnistía: Hay un documento, un acta, que nos acusa con razón por nuestros pecados. La batalla se libró en una cruz. El campo de batalla fue del todo atípico y los contrincantes, inusuales: Una cruz y Dios contra Dios. Sí, has leído correctamente. Solo Dios puede pagar por nuestros delitos y quedar satisfecho del pago. Ni tú no yo podemos pagar a Dios para que se anule nuestra acta condenatoria. Dios cambia tu muerte en vida, te absuelve, en el instante que perdona tus pecados y eso sucede al creer en Jesucristo que se sacrificó por ti en la cruz. Dios vino a salvarte.

La victoria: Jesús desarmó a todos los que no querían nuestra salvación por medio de la cruz. Esos enemigos quedaron expuestos, es decir, se les vio el plumero ante todos y quedaron al descubierto. La muerte, el pecado y las hordas satánicas no tienen ya poder sobre aquellos que han sido ganados por Cristo en la cruz, es decir, aquellos que han creído con fe en Él. Dios puede salvarte.

La guerra es por ti.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

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