Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en Él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna. Juan 3:16.

sábado, 12 de mayo de 2018

Creer para Ver

A veces cambiamos el orden en que deberían darse las frases y pierden su significado real y profundo. Una de esas frases es “ver para creer”. La usamos cuando hay algo que nos asombra porque nunca habíamos pensado que eso pudiese ocurrir. Además, utilizamos la frase como Tomás ante la incredulidad de que Jesús hubiese resucitado. Hoy día es una frase que acuñan los científicos y sus acólitos, ateos y personas, en general, que no tienen sólidos conocimientos bíblicos. “Si no lo veo, no lo creo” es la frase preferida de todos ellos para escapar de un verdadero análisis de la cuestión.

Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios? (Juan 11:40)

Lázaro había muerto y ya su estaba en proceso de descomposición. Este dato se conoce porque dijeron que ya apestaba su cuerpo. Humanamente era imposible hacer nada y una vez más, Jesús se encuentra con la incredulidad a Su alrededor. Lo cierto es que Jesús mismo provocó la situación retrasándose ante el llamado a despedirse de Su amigo Lázaro. Esto sucedió con un solo propósito: La gloria de Dios. Ver la gloria de Dios está reservado para aquellos que creen. Ver la gloria de Dios significa confiar en que Él puede hacer lo imposible para nosotros como seres débiles y corruptos. Así que el orden humano es “ver para creer” y el orden divino es “creer para ver”.

En este caso la gloria de Dios se manifestó resucitando a Lázaro de entre los muertos que es precisamente lo que Jesús vino a hacer: RESUCITAR MUERTOS. Con esta frase la Biblia recalca esta verdad: Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados (Efesios 2:1). La escena de Lázaro es un preámbulo más que representa lo que más tarde Jesús vivió en la cruz. Él cambió el orden recibiendo el castigo que nuestros pecados merecen y liberándonos de tal peso. Él pagó la multa, abonó la factura, finiquitó la hipoteca y dejamos de ser unos morosos ante Dios. Ahora te toca creer para ver la gloria de Dios en tu vida y a través de ella, por lo tanto cree y arrepiéntete de tus pecados.

Jesús pone el orden real a la frase.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

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