sábado, 12 de octubre de 2019

Defiende la Paz


La paz es el tesoro humano más anhelado por los habitantes de este planeta. Sin la paz interior las riquezas no son nada, los títulos son vanos, la posición social es un lastre y la libertad inútil. Si quieres la paz, prepara la guerra es el sabio consejo legado por el imperio romano. Si deseas paz haz lo posible por salvaguardarla. ¡Es tu activo más preciado! La falta de paz te roba la vida ennegreciéndola, dejándola sin sabor y carente de motivación. Diariamente podemos observar a personas que no tienen paz. Aparentemente algunas se nos muestran felices, y otras no pueden disimular un rictus de tristeza. De todas formas, un halo de “no paz” los acompaña.
La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. (Juan 14:27)
La paz que ofrece la sociedad es quebradiza, muy quebradiza, por eso Jesús tranquiliza a Sus discípulos asegurándoles que Su paz nada tiene que ver con la paz del mundo. La paz del mundo carece de sustancia, solidez o consistencia. Es como humo que se desvanece, agua entre las manos que se escurre o una cerilla encendida que se apaga rápido. La paz que brinda Jesucristo a aquellos que confían en Él va más allá de las circunstancias de la vida, sean éstas buenas o malas, supera la barrera de las relaciones humanas inconstantes y deja atrás la mentira de un mundo mejor por el esfuerzo humano. ¡La paz cristiana es Jesús! Él es consistente, consecuente y persistente. Resumiendo: ¡Él es firme! Lo que promete lo cumple.

La paz de Jesús no es para todos. La paz de Jesús no es una baratija. A Él le costó la vida para poder ofrecerla a Sus amigos. La cruz que padeció es el lugar de paz más grande del universo para el cristiano y para el incrédulo una terrible bofetada (no es de extrañar que la quieran desterrar de nuestra tierra por medio de derribar la Cruz del Valle de los Caídos). En la cruz Jesús defendió la paz, la paz de aquellos que por medio de la fe, le siguen. Querido lector, si quieres la paz de Cristo no te queda más remedio que pasarte a Sus filas. Arrepiéntete de tus pecados, pon tu fe en Él y comenzarás a experimentar Su paz, o lo que es lo mismo, lo experimentarás a Él.

¡No más tristeza ni miedo!

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

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