Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en Él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna. Juan 3:16.

sábado, 23 de junio de 2012

El YOYO


Manifiesto de un Yoísta:

Yo soy el primero por encima de todos.

Yo siempre tengo la razón y los demás no.

Yo valgo más que mis conocidos y los que no lo son.

Yo soy autosuficiente y no necesito a nadie.

Yo soy merecedor de todo lo bueno y los otros si sobra algo.

Yo tengo una inteligencia muy por encima de la media.



Yo sé que lo mejor que hicieron mis padres fue traerme a este mundo.

Yo soy digno de la admiración de todos.

Yo reconozco que soy un lujo para el que me tiene como amigo.

Y es que YO lo valgo. Lo creas o no lo creas, me da igual.

Firmado: EL YOYO


Querido lector, ¿Te has encontrado con alguien así? Espero por tu bien que no. El miércoles alguien nos catalogó de egocentrismo a mi esposa y a mí. El todo por la parte. Me explico: por un detalle que no le pareció bien, a saber, defendimos lo que creemos justo, nos tachó todo la vida de egocéntrica. Y me pregunto: ¿qué hay en el centro de mi vida, de mi corazón? ¿Yo? ¿Qué hay en el centro de tu corazón? ¿Tú? Si la prioridad en mi vida soy YO y nada más que YO, estoy equivocando el tiro. A veces percibo en mi atisbos de egocentrismo y superioridad y esto es horrible pues rebaja a las demás personas de mi entorno. ¿Te ves reflejado en lo que acabo de escribir? No es cuestión de humildad, sino más bien de reconocerse a uno mismo. En el corazón del hombre, en mi corazón y en tu corazón hay cosas muy malas que la Biblia, la Palabra de Dios, cataloga como PECADO. Hay que desterrar el pecado de nuestras vidas, se llame como se llame, porque nos destruye, daña a nuestros semejantes, y sobre todo, nos separa de Dios.


Hay alguien que sí se otorgo el YO SOY con todas las de la ley. Fue Jesucristo, el Hijo de Dios hecho carne.


Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. (Juan 6:35)

Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. (Juan 8:12)

Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. (Juan 10:9)
Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas. (Juan 10:11)

Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. (Juan 11:25) 
Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. (Juan 14:6)

Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. (Juan 15:1)

Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. (Juan 15:5)



O Jesús era el mayor yoísta de la historia, o decía la verdad. El egocéntrico solo se ve a sí mismo. Jesús en cada una de sus aseveraciones no trata de denostar, no margina, no humilla, no degrada a nadie. Si observaste el manifiesto del yoísta saltaba a la vista su poco respeto por sus iguales. Él se veía en una posición de superioridad. Jesús es nuestro superior... pero que distinto superior. Cristo quiere darnos el pan y el agua que nos sacia para siempre. Jesús desea darnos su luz para disipar toda tiniebla de nuestra existencia. El Señor quiere ser la puerta para entrar a la salvación y protección. Jesús es el buen pastor que ha dado su vida para que podamos alcanzarla hoy. Él es la resurrección y la vida ¡hasta los que están muertos vivirán si tan solo creen en Él! El Mesías es el Camino, la Verdad y la Vida que nos trasportan al Padre. Jesucristo es la vid verdadera, el que cree es pámpano de esa vid y llevará mucho fruto. Una advertencia: SEPARADOS DE ÉL NADA PODÉIS HACER.

¿Y qué significa esto último?

No te puedes salvar a ti mismo pues tu pecado lo impide. Necesitas de Jesús para ello. Si eres un yoísta te será difícil reconocerlo, pero no te quedará más remedio que vaciar tu corazón de ti mismo y poner al que le corresponde por derecho: CRISTO. Por muy competente que seas; por mucha experiencia que tengas; por todo lo bueno que te creas, esto no sirve ante EL GRAN YO SOY. Nada, ni nadie es lo suficientemente espléndido, lo suficientemente excelente o lo suficientemente magnífico como para llegarle siquiera a la suela de sus zapatos. Me dirás: "exageras, chico". Y yo te diré: "es que no te hablo de cualquiera. Te hablo del mismo Dios, creador del Cielo y la Tierra. Él es el sustentador de todo. Él te conoce más que tú a ti mismo. Él es el único en todo el universo capaz de salvarte del pecado de la egolatría y hacer que ames a tu prójimo como a ti mismo. Y es que Jesús dejó su Trono de Rey en el Cielo, donde era adorado como EL GRAN YO SOY, para venir a este mundo a ser humillado como EL GRAN DON NADIE. Lo hizo por AMOR  a ti y a mí. Cristo vertió su preciosa sangre clavado de una cruz para pagar las letras de nuestro pecado. Las pagó una a una sin rechistar. Si no eres capaz de hacer esto por los demás no utilices tanto el YO en tus conversaciones y pensamientos. El único YO merecido es el que Cristo ganó por el pago de amor y obediencia al mandato de su Padre de pagar por nuestros delitos. ¡SUBLIME AMOR DE DIOS POR TI!


Deja de vivir una vida dominada por la tiranía del YO y comienza a vivir una vida guiada por Jesús. Arrepiéntete de tus pecados delante de Dios y pídele que te perdone y te reciba como hijo. Dios anhela salvarte y solo espera que vengas a Él con fe. La fe no en tus capacidades y valías sino en SUS CAPACIDADES Y VALÍAS.


Un día darás cuentas a Dios por las decisiones que tomes hoy. Si hoy decides que no necesitas a nadie que te salve porque te crees autosuficiente, está bien, pero sabes que las consecuencias eternas son bastante oscuras para ti que rechazas la salvación que Dios, por medio de Jesús, te ofrece. Táchame de radical, pero es por tu bien el advertirte: cuando mueras irás directo al infierno y ya no habrá oportunidades de, ni remotamente, acercarse a Dios. Piénsalo bien, amigo lector.


Jesús es el único que puede utilizar el YO por derecho.


¡QUE DIOS TE BENDIGA!

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