Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en Él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna. Juan 3:16.

sábado, 15 de diciembre de 2012

Navidad II


La navidad es el recuerdo de que Dios nos visitó por medio de su Hijo Jesús. Este hecho marcó una nueva etapa en la humanidad. Dios reveló su voluntad para el hombre con lo que los ángeles proclamaron esa primera navidad: "¡GLORIA A DIOS EN LAS ALTURAS, Y EN LA TIERRA PAZ, BUENA VOLUNTAD PARA CON LOS HOMBRES!" Paz, lo que tanto buscas y buena voluntad, que es lo que Dios tiene para contigo. Rechazar esto es dejar la paz y estar en guerra pues vives lejos de lo que Dios quiere para tu vida (buena voluntad). Dios por medio de Jesucristo ya te mira con buenos ojos si crees con fe y te arrepientes de tus pecados que te separan de poder disfrutar de una verdadera amistad con Dios. Recuerda, querido lector, el cristianismo no es una religión, es una relación de familia con Dios. Si crees el mensaje de la navidad te conviertes en hijo de pleno derecho de Dios pues Él te adopta. Jesús es el protagonista de la navidad. Algunos dirán "eso ya lo sé". Querido amigo, una cosa es saber y otra ser. Y es que para que Jesús sea protagonista de tu navidad debe reinar en tu corazón. ¿Él reina en tu vida o sigues guiándote por tus propios razonamientos? El mismo Jesús que lo dejó todo por ti y lo dio todo por ti te pide que le respondas de igual forma. Él no se conforma con menos. Te invitó a leer esta segunda parte de la narración bíblica del nacimiento de Jesús.


Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte  de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria. E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad. Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David; para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta. Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.


Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre. Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!


Sucedió que cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado. Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Y al verlo, dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño. Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían. Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Y volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho.


Cumplidos los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre JESÚS, el cual le había sido puesto por el ángel antes que fuese concebido. Y cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, conforme a la ley de Moisés, le trajeron a Jerusalén para presentarle al Señor (como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que abriere la matriz será llamado santo al Señor), y para ofrecer conforme a lo que se dice en la ley del Señor: Un par de tórtolas, o dos palominos.


Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor. Y movido por el Espíritu, vino al templo. Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron al templo, para hacer por él conforme al rito de la ley, él le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, diciendo: Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, Conforme a tu palabra; Porque han visto mis ojos tu salvación, La cual has preparado en presencia de todos los pueblos; Luz para revelación a los gentiles, Y gloria de tu pueblo Israel. Y José y su madre estaban maravillados de todo lo que se decía de él. Y los bendijo Simeón, y dijo a su madre María: He aquí, éste está puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel, y para señal que será contradicha (y una espada traspasará tu misma alma), para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones.


Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad muy avanzada, pues había vivido con su marido siete años desde su virginidad, y era viuda hacía ochenta y cuatro años; y no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones. Esta, presentándose en la misma hora, daba gracias a Dios, y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén. Después de haber cumplido con todo lo prescrito en la ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret.


Y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él. (Lucas 2:1-40)











El resto de la historia de la niñez y juventud de Jesús fue convivencia con nosotros y preparación para la tarea que su Padre le había encomendado: reconciliar al hombre con Dios. Pido al Señor que abra los ojos de tu entendimiento y que estas navidades sean luminosas para ti y que en ella descubras al verdadero Jesús que te amó tanto que murió para que pudieras vivir. Si le das la espalda al Niño de Belén estás en un certero peligro: el Juicio implacable de Dios. Abraza el amor de Dios y hazlo por tu vida.

Jesús es el protagonista de la navidad.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

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