Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en Él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna. Juan 3:16.

sábado, 13 de abril de 2013

Zanahoria, Huevo o Café





Hoy navegando por internet me he encontrado con esta historia que ilustra bien lo que quiero compartir con vosotros. Disfruta de su lectura.







Una hija se quejaba con su padre acerca de su vida y cómo las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.





Su padre, chef de profesión, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres recipientes con agua y los colocó sobre fuego. Pronto el agua de cada uno estaba hirviendo. En uno colocó zanahorias, en otro huevos y en el último preparó café. Los dejó hervir sin decir palabra.




La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría

haciendo su padre. A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los huevos y los colocó en otro plato. Finalmente, coló el café. Mirando a su hija le dijo: "Querida, ¿qué ves?"



-"Zanahorias, huevos y café", fue su respuesta. La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma. Humildemente la hija preguntó: "¿Qué significa esto, papá?"


Él le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo. Pero habían reaccionado en forma muy diferente. La zanahoria llegó al agua fuerte, dura; pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer. El huevo había llegado al agua frágil, su cáscara fina protegía su interior líquido; pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. El café sin embargo era único; después de estar en agua hirviendo, había cambiado al agua.


"¿Como cuál eres tú?", le preguntó a su hija. "Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes? ¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza? ¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable? Poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, o un despido, ¿te has vuelto dura y rígida?


¿O eres como el café? El café cambia al agua hirviente, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor. Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor tú reaccionas mejor y haces que las cosas a tu alrededor mejoren.

Y tú, ¿cuál de los tres eres?



Todos enfrentamos problemas y situaciones difíciles. El punto diferente es cómo reaccionamos ante esas dificultades. Unos se ablandan, otros se endurecen y otros le sacan partido. Jesús hizo eso por nosotros. En vez de achicarse ante el problema tomó cartas en el asunto y no cejó hasta que solucionó el entuerto. Claro que Jesús no fue la causa del problema, es más, Él no tenía ningún problema. El problema somos nosotros porque sacamos los pies del tiesto. 


¿Qué hizo Jesús para dar solución a nuestro descarrile? Obedecer al Padre y pagar la deuda que nosotros con nuestros recursos no podemos pagar. Es como si le debieras un billón de euros a hacienda y estás en paro. Más es el débito contraído con Dios y no puedes ni siquiera comunicarte con Él. A Dios no puedes satisfacerle con dinero, sacrificios y religiosidad. Por esta causa no tuvo más remedio que enviar a Su Hijo a morir en una cruz por ti. Dios miró en todo el Cielo y en todo el universo y sólo Jesús era el idóneo para reconciliarte con el Padre. Jesús si estuvo dispuesto a pasar por calamidades por amor a ti sufriendo una muerte humillante. 


Ahora te toca a ti ser consecuente con ese amor y reconciliarte con Dios. Jesús es el puente que te abre el camino al Padre y tú solo debes reconocer el pecado que hay en tu vida confesándolo y creyendo en la obra de salvación de Jesús. Acepta hoy a Jesús como tu Salvador y Señor. Lee la Biblia pues en ella está la respuesta a tus inquietudes ya que es el mensaje escrito de Dios para ti. Cuando Jesús llega a tu vida hace que toda cambie para bien. Como el café cuando entra en contacto con el agua lo transforma dándole aroma, sabor y textura. Así serás tú con un nuevo aroma, sabor y textura que se hará evidente allí donde vayas.

Jesús hizo del agua café.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

1 comentario:

  1. Anónimo20.8.13

    amen, muy buena y reconfortante la historia

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