Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en Él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna. Juan 3:16.

sábado, 27 de abril de 2013

Rocas Inamovibles


Hoy he presenciado una entrega de premios literarios a alumnos de un instituto. Cada uno de los premiados leía un trozo del texto galardonado. Un par de señoritas escribieron sobre el amor perdido y el desconsuelo que esto provoca en la vida. Un chaval escribió algo realmente macabro pues su obra describía la consumación de un suicidio por parte de un joven que tenía remordimientos por sentir no estar a la altura de los estándares del padre. El que más llamó mi atención fue el más joven de los concursantes. Su narración mostraba el maltrato que muchos padres dan a sus hijos verbalmente. Él describía cada insulto como piedras que se convierten en rocas inamovibles. Es que los insultos son como piedras gigantes que hieren al que es apedreado con ellas. Tuve la impresión que esta era la experiencia del joven literato y que estaba abriendo su corazón. Quizá, solo quizá, con sus amigos sea un bravucón pero cuando se sienta frente al papel reconoce el dolor que hay en el fondo de su corazón. La Biblia nos dice algo muy importante sobre el corazón con referencia a lo que nuestra boca dice.

El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca. (Lucas 6:45)

Cada día me convenzo más  de que nadie puede disimular siempre lo que hay en su corazón. Más tarde o más temprano saldrá como una catarata que evidenciará lo que realmente somos, pensamos y creemos. Si en tu corazón hay bondad, saldrá bondad, si odio, odio, si rencor, rencor, si envidia, envidia. Tu boca te delatará. No lo digo yo. Lo dice Dios por medio de la Biblia. Otro aspecto es si eres hombre bueno o malo; mujer buena o mala. La sentencia es que de tu corazón saldrá maldad o bondad dependiendo de si tu tesoro es bueno o malo. A mi modo de entender es muy lógico el pensamiento. Es que no le podemos pedir peras al olmo, ni ciruelas al manzano. ¿De qué se está alimentando tu corazón? ¿Qué se puede esperar de tu corazón bondad o maldad? Todo el mundo dirá: ¡BONDAD! Y aunque esto es un bello y deseable pensamiento tenemos que revisar los estándares de lo qué es bondad ¿Quién pone estos listones? La respuesta para mí es muy fácil: Dios. A nuestro escritor premiado le afloraron sus íntimos deseos de justicia frente a esas piedras maltratadoras: los insultos. ¿Si te vieras en el caso buscarías la justicia o condenarías sin más?

Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? (Jeremías 17:9)

El corazón es el centro de nuestras emociones, por lo tanto, ¿crees de verdad que se le puede dar crédito y dejarlo que campe a sus anchas? Hoy sentimos esto y mañana aquello; hoy me he levantado de buen humor pero por la tarde estoy que muerdo. Por eso hacemos daño tantas veces al cabo de un simple día. Por bocazas. Nuestros sentimientos, sean cuales sean, nos traicionan y salen cual caballero andante en nuestro rescate y de esa forma asaetear al enemigo que tenemos delante y que resulta ser nuestro semejante con sentimientos y dignidad como tú y yo.

Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida. (Proverbios 4:23)

Es cuestión, querido lector, de convertirse en un centinela que vele por los intereses de la vida. De tu corazón brota tu vida, y nunca mejor dicho. ¡Ay! Si el corazón dejase de latir. ¡Ay! Si la depresión y el desánimo alcanzasen la vida. ¡Ay! Del corazón de carne que se ha convertido en piedra.

Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento; antes que se oscurezca el sol, y la luz, y la luna y las estrellas, y vuelvan las nubes tras la lluvia; cuando temblarán los guardas de la casa, y se encorvarán los hombres fuertes, y cesarán las muelas porque han disminuido, y se oscurecerán los que miran por las ventanas; y las puertas de afuera se cerrarán, por lo bajo del ruido de la muela; cuando se levantará a la voz del ave, y todas las hijas del canto serán abatidas; cuando también temerán de lo que es alto, y habrá terrores en el camino; y florecerá el almendro, y la langosta será una carga, y se perderá el apetito; porque el hombre va a su morada eterna, y los endechadores andarán alrededor por las calles; antes que la cadena de plata se quiebre, y se rompa el cuenco de oro, y el cántaro se quiebre junto a la fuente, y la rueda sea rota sobre el pozo; y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio. Vanidad de vanidades, dijo el Predicador, todo es vanidad. (Eclesiastés 12:1-8)

¡Acuérdate de Dios ahora que tu corazón no es aun piedra dura! Cuando roca impenetrable tu esperanza de obtener un corazón bueno es casi nula. Todos hemos observado lo imposible de convencer de alguien de edad avanzada. Se mantienen en sus trece aunque estén equivocados. Esto te pasará a ti también si no dejas que actúe la obra sanadora de Dios en tu vida. Yo estoy en el proceso de curación. ¿Cómo? Un buen día conocí de forma personal a Jesús. Desde entonces, y ha llovido bastante, no cambio Su trato en mi vida por nada. Me di cuenta de que mi corazón estaba alejado de Él pues no producía bondad de forma natural solo había pozos de amargura. Me arrepentí de mis pecados como parte del proceso de acercarme a Dios. Creí en Jesús como mi Señor y Salvador. Su obra en la cruz me valió para volver a reconciliarme con Dios. Yo tenía que haber estado en esa cruz pero Jesús, por amor a mí, sufrió la condena que me pertenecía. ¡ALELUYA!

Querido amigo, que quizá me lees desde hace tiempo, o quizá pasas por aquí de soslayo, párate, detente, stop y medita seriamente en que tu corazón no es la medida de las cosas sino de qué lo que lo llenas. Llénalo de la Verdad de Jesucristo y el pondrá en ti un corazón de carne para que tengas vida fructífera. Dile como el salmista:

Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí. (Salmos 51:10)

El corazón es engañoso.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

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