Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en Él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna. Juan 3:16.

sábado, 11 de enero de 2014

Entrada 100

Con esta nueva entrada de este blog “Eternamente Salvo” se cumple con la número cien. ¡Hay que celebrarlo! Esto me hace recordar, guardando las distancias, la celebración que cada gobierno nuevo hace al cumplir sus primeros cien días de ascenso al poder. Sin ir más lejos, cada año celebramos aniversarios de todo tipo, fiestas en el calendario y tradiciones varias. Es que vivimos en un país fiestero por antonomasia y, por consiguiente, nos inventamos una fiesta antes que cante un gallo.


El caso es que yo no estoy para celebraciones y zarandajas. Esta semana es una de las más aciagas de mi vida, por no decir la que más. He cometido un error (pecado) y estoy pagando las consecuencias. Pecado es hacer todo aquello que va contra lo establecido por Dios en Su Ley. Mi pecado y tu pecado siempre afectan a Dios, ¡siempre! Mi pecado y tu pecado a veces también afectan a otras personas, ¡a veces!


He buscado consuelo en el único sitio donde sé que puedo hallarlo: en Dios. Él nunca me ha rechazado, nunca se ha reído de mí, nunca me ha menospreciado, nunca me ha dejado en el olvido. Dios siempre ha sido bueno conmigo, ha entendido mis debilidades y ha aceptado feliz mi arrepentimiento sincero. Dios, además, ha usado personas que lo aman para ayudarme a ver con claridad y a restaurar lo roto.


Jesús me ha dado una promesa esta semana. Buscando ánimo en la Biblia me topé con esta lectura:

Vino Jesús a casa de Pedro, y vio a la suegra de éste postrada en cama, con fiebre. Y tocó su mano, y la fiebre la dejó; y ella se levantó, y les servía. Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos; para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: Él mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias. (Mateo 8:14-17)

¿Quién no ha hecho un chiste respecto de las suegras? ¡Hasta las suegras, antes de serlo, los han contado burlonamente! Si no acabas de entender por qué razón Pedro negó a Jesús, lo acabas de descubrir al leer esta historia. ¡Pedro negó a Jesús porque le sanó a la suegra! Bromas aparte, ha consolado mi corazón saber lo que hizo Jesús con la suegra de Pedro y cuál fue la reacción de ella. Fíjate con detenimiento.

Y tocó su mano, y la fiebre la dejó; y ella se levantó, y les servía. (Mateo 8:15)

El evangelio de Mateo está lleno de ejemplos de Jesús tocando a las personas. Hoy día buscamos cualquier recoveco, hasta en los ascensores abarrotados, para no violar o que violen nuestro espacio vital. Patético, pero cierto. Jesús conoce tu necesidad y la mía de amor: Él se acerca y toca nuestra mano. Este acercamiento íntimo de Jesús hacia nuestras vidas se hace notar instantáneamente: lo malo se aleja. La vida que Jesús toca queda sanada, y esta, reacciona con las nuevas fuerzas recibidas: florece. El agradecimiento por la sanidad se muestra de forma contundente: una vida más al servicio de Dios.


Tocar – Dejar – Levantar – Servir


Eso es lo que Jesús vino a hacer contigo y conmigo bajando del Cielo, pagando nuestros pecados en una cruz y dándonos la oportunidad de ser restaurados. Si tan solo dejamos a Jesús que nos toque. Si tan solo dejamos que entre en nuestra intimidad, vea nuestra necesidad y le abramos el corazón.


Él mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias. (Mateo 8:17)


Con esta frase termina la historia de la curación de la suegra de Pedro. Jesús arrancó todo lo malo que impedía acercarnos a un Dios Santo, creando un surco indeleble que nos da la oportunidad de ser admitidos por Dios en una nueva y gloriosa relación de amor, que nos va transformando a la imagen de Jesús. En ello estoy  ¡a Dios gracias! Él me sigue tocando y sanando. Yo me siento con nuevas fuerzas e impulsado a amarle más, sirviéndole con un corazón agradecido.


Querido lector, si aún no has dejado que Jesús te toque ¿a qué estás esperando? Si Él no te toca no podrás experimentar Su amor de primera mano. Haz lo siguiente: Reconoce tu necesidad (enfermedad) de perdón, arrepintiéndote de tus pecados y reconociéndolos ante Dios. Comenzarás a ver la vida de otra forma, con nuevas expectativas y saldrá de ti un deseo genuino de obedecer  y seguir a Jesús, sirviéndolo y amándolo.


La suegra de Pedro no solo sirvió a Jesús, sino a todos los que estaban en esa casa. La bendición de ser tocado por Jesús no solo glorifica a Dios sino que alcanza a todas las personas de nuestro alrededor, para más gloria de Dios.


A veces me siento poeta y escribo torpes versos con la intención de expresar mejor mis sentimientos y deseos profundos. Inspirado por la historia que hemos contemplado escribí el siguiente poema:


Jesús ven, toca mi mano
Que mi pecado se aleje
Me levantaré sanado
Servirte será mi eje


Tenemos necesidad de que Jesús nos toque.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

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