Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en Él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna. Juan 3:16.

sábado, 4 de enero de 2014

2013

Muchos despidieron el año 2012 con el alivio de que el mundo no se acabaría. Ahora entramos de lleno en este año 2014 con los rumores de que todo mejorará económicamente, o lo que es lo mismo, habrá más trabajo. Yo, que aunque no me tengo por pesimista, he reconocer que habrá más trabajo, pero no más trabajadores que puedan realizar el trabajo. Creo que se me entiende.


Pensando en el año que nos ha dejado no puedo más que recordar que desde que el hombre decidió pecar contra Dios, ha intentado subyugar a los que veía más débiles que ellos mismos. Esto se me hace patente al ver que los hermanos intentan dominar a sus hermanos más pequeños, los padres a sus hijos, los maridos a sus esposas, y viceversa, los jefes a sus empleados y los gobernantes al pueblo.


Tengo la sensación (más bien certeza) de que los ricos son aún más ricos y los pobres son más pobres como fruto de los acontecimientos del pasado año. “La banca nunca pierde”, con esa frase afirmativa se sentenciaba a los jugadores de cierto juego, cuando perdían o ganaban. Los potentados siempre esconden un as bajo la manga con el fin de ganar siempre: si los pobres pierden, ellos ganan. Si los pobres ganan, ellos ganan. “La banca nunca pierde”…

¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán. Vuestras riquezas están podridas, y vuestras ropas están comidas de polilla. Vuestro oro y plata están enmohecidos; y su moho testificará contra vosotros, y devorará del todo vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado tesoros para los días postreros. He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado por vosotros; y los clamores de los que habían segado han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos. Habéis vivido en deleites sobre la tierra, y sido disolutos; habéis engordado vuestros corazones como en día de matanza. Habéis condenado y dado muerte al justo, y él no os hace resistencia. (Santiago 5:1-6)

La Biblia es el libro más actual que se pueda leer. ¿No te ha dado la sensación, querido lector, que al leer el anterior texto estabas leyendo prensa denunciante de los males que acontecen hoy día a los que están oprimidos por los poderosos económicamente hablando? Llegará un día en que estos malhechores pagarán los desatinos de sus acciones depravadas.  


Ellos, los avaros, lo pasarán mal porque Dios no pasará por alto sus fechorías, es decir, sus pecados contra los pobres. Ellos, los usureros, ponen de manifiesto de forma vívida y clara el mal que hay en sus corazones, por medio de mostrar sus tendencias egoístas sin importarles lo más mínimo el mal que puedan causar a sus semejantes.


Si lo anterior es cierto, no es menos cierto que todos tenemos esa raíz egoísta que en algunos es más evidente, y en otros menos. Esto podemos observarlo en el simple hecho de creer que somos mejores que los demás, que merecemos más respeto, que nuestra palabra vale más, que somos, en definitiva, el centro del mundo y los demás están en la periferia.

Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.  (Romanos 12:3)

El consejo del apóstol Pablo sería una buena meta para cada uno: pensar correctamente en cuanto a capacidades y limitaciones personales. El problema es que eso no es posible de conseguir si Dios no te ha repartido cierta cantidad de fe. ¿Fe en qué? En que Dios, solo Dios, por medio de creer en Jesucristo y arrepentirte de tus pecados egoístas puede salvarte, dándote una nueva perspectiva de ti y del mundo que te rodea.



Medita seriamente en todo esto y ven a Jesús con el propósito de obtener los recursos suficientes para amar y no aplastar a tus semejantes, ni de hecho, ni de pensamiento. Si no haces eso también será para ti la advertencia de juicio y condena de parte de Dios por no haber hecho lo justo delante de Él: creer en Cristo y arrepentirte de tus pecados para que Dios pueda moldearte según el plan que tenía desde la eternidad.

Todos somos iguales ante los ojos de Dios.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

No hay comentarios:

Publicar un comentario