Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en Él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna. Juan 3:16.

sábado, 15 de marzo de 2014

11-M

El pasado día 11 se cumplieron diez años de la trágica masacre en Madrid. Vidas sesgadas de un solo tajo, familias destrozadas y sueños frustrados de todos aquellos que sufrieron en primera persona el pecado de los asesinos esquizofrénicos que creían hacer un bien a su causa con el mayor de los males: frustrar la vida de los inocentes.

No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. (Romanos 12:19)


“NINGÚN SUFRIMIENTO HUMANO TIENE UNA EXPLICACIÓN JUSTA,
PERO TODOS ELLOS TIENEN UN PROPÓSITO DIVINO”[1]


Con la frase anterior, que transcribo de forma literal, me he topado al navegar por el ciberespacio. Esta frase tiene una falla “ningún sufrimiento humano tiene una explicación justa”. Mi tesis es diferente en la primera oración de este pensamiento cibernáutico “no todos los sufrimientos humanos tienen una explicación al momento que los justifica”. ¿Por qué “no todos”? Porque el pecado trae consecuencias desastrosas a la vida de la humanidad: egoísmo, por desear estar en primer lugar, y lujuria, por desear desmedidamente todo, a modo de resumen de lo qué es pecado. Por lo tanto, hay sufrimiento que tiene explicación justa y lo causa nuestro propio pecado de vivir lejos de las normas divinas. Los sufrimientos que no los podemos justificar al momento son por causas que se salen de nuestro alcance debido a que nuestro conocimiento es muy limitado. Solamente Dios conoce todo y es el que tiene la respuesta justa que dará a su momento, si le place.


Pensé que en mi investigación por internet sobre el sufrimiento humano me iba a encontrar como ejemplo primero de sufrimiento injusto a Job. No ha sido así. Cristo es el gran ejemplo de sufrimiento injusto y de esto se hace eco también las diferentes páginas web que he visitado. Jesús dio voluntariamente su vida por amor a nosotros. Él sufrió para amortiguar nuestro sufrimiento que nos causamos a nosotros mismos por vivir de espaldas a un Dios amoroso y bondadoso. ¿Se acaba el sufrimiento por vivir de acuerdo a la voluntad de Dios? ¡NO! Vivimos en un mundo sufriente, imperfecto. Enciende el televisor, escucha la radio, lee la prensa y ya me dirás… hay conflictos por doquier.


La pregunta del millón: ¿Por qué un Dios tan bueno permite el sufrimiento de los justos? Esta pregunta denota que todos tenemos un concepto mayor o menor en cuanto a que los que se saltan las reglas deben pagar el desatino. Comentaba C. S. Lewis que el sufrimiento humano es el altavoz que Dios utiliza con el fin de alertarnos sobre las verdades espirituales. Creo que Lewis tiene toda la razón y con este fin usó Dios el sufrimiento de Cristo con la misma meta: alertarnos de que el sufrimiento nos puede acercar a Dios por medio de Cristo. Creo que el primer propósito que hace que Dios permita el sufrimiento es, por lo tanto, avisarnos de una realidad mayor y eterna: Dios usa el sufrimiento para acercarnos a Él.


Entonces, ¿por qué razón hay muchos que no han hallado aún la esperanza en Dios? Porque se obstinan en seguir echando la culpa a Dios por todo lo que no les gusta a su alrededor y piensan que si ellos estuvieran en Su lugar, lo harían mejor. Esto me recuerda a la película que protagonizaron Morgan Freeman y Jim Carrey, Como Dios. Jim Carrey asume el papel de Dios creyendo que arreglaría todos los desastres mundiales, y lo único que consiguió es provocar un caos total.


Jesús, por amor, vino a salvarnos de la perdición eterna que nosotros mismos provocamos pecando contra Dios. Pagó la deuda en nuestro lugar por el sacrificio de Su muerte en la cruz. Ahora tenemos libre acceso a la salvación. Fue injusto que Jesús sufriera por nosotros pero era justo lo que tú y yo estábamos necesitando. Dependiendo de la óptica lo injusto puede ser justo, y viceversa. Amigo lector, arrepiéntete de tus pecados y no vuelvas a cometerlos. Reconoce que necesitas la salvación que Dios te ofrece y comienza andar de acuerdo a Su Ley justa y bondadosa. Entonces serás eternamente salvo y lo eterno se convertirá en tu prioridad de vida porque el sufrimiento es pasajero.

Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. (Romanos 8:28)

¡Si no duele, no aprendemos!

¡QUE DIOS TE BENDIGA!
                                                             


[1] https://notegraphy.com/Joxelo/note/326275

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