Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en Él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna. Juan 3:16.

sábado, 3 de enero de 2015

365 Oportunidades

Un nuevo año ha comenzado y la mayoría lo enfrentamos con optimismo, pues lo pasado queda atrás y ahora hay nuevas oportunidades, 365 oportunidades para ser más exactos, equivalentes a cada día de este año 2015. Ayer, leyendo la Biblia, una historia que vivieron los discípulos de Jesús me inspiró para afrontar con fe estos 365 días. Ahora podéis leer esta historia aquí de primera mano.

Cuando ya anochecía, sus discípulos bajaron al lago y subieron a una barca, y comenzaron a cruzar el lago en dirección a Capernaúm. Para entonces ya había oscurecido, y Jesús todavía no se les había unido. Por causa del fuerte viento que soplaba, el lago estaba picado. Habrían remado unos cinco o seis kilómetros cuando vieron que Jesús se acercaba a la barca, caminando sobre el agua, y se asustaron. Pero él les dijo: «No tengan miedo, que soy yo.» Así que se dispusieron a recibirlo a bordo, y en seguida la barca llegó a la orilla adonde se dirigían. (Juan 6:16-21)

Justo antes de esta experiencia los discípulos de Jesús vivieron un momento de esplendor, en el que vieron como una multitud de más de cinco mil personas eran alimentadas por el Maestro, con tan solo cinco panes y dos peces. Ahora se encuentran en un momento de oscuridad, en la noche, en medio de un gran lago, sin luz eléctrica, quizá sin luna que les alumbrase un poco…

Vivieron un momento de circunstancias adversas dado que soplaba un fuerte viento que encrespaba al lago. ¿Os imagináis? Una barca con doce hombres zarandeados por el fuerte oleaje provocado por un terrible viento. ¡Yo estaría con un ataque de ansiedad espantoso!

Además, se hallaban en un momento de difícil vuelta atrás porque ya se habían alejado de la costa entre cinco y seis kilómetros. Si mis cálculos no fallan se encontraban justo en la mitad del recorrido. No merecía la pena ni siquiera plantearse el regreso, es más, el oleaje impedía la navegación segura.

De pronto vieron a alguien que se acercaba andando sobre las aguas, y tuvieron miedo. ¡No es para menos! A mí me pasa y me espanto. Este fue un momento de no reconocer al Maestro. Muchas veces Jesús se acerca, como lo hizo con Sus discípulos en ese momento de necesidad, y no lo reconocemos. Estamos tan envueltos en el miedo que más sorpresas solo traen más miedo.

Pero Jesús nos conoce, Él sabe de la materia que estamos hechos, por lo tanto, Él mismo se presenta a los discípulos “No tengan miedo, que soy Yo”. Querido lector, no tengas miedo, Jesús desea lo mejor para ti. Él vino a pagar con Su sangre en una cruz por tus pecados y los míos. De esta forma podemos acudir con confianza ante el Padre para ser perdonados de todos nuestros pecados si tan solo nos arrepentimos de ellos con corazones sinceros, creyendo en Cristo, el Maestro, como Salvador y Señor de nuestras vidas. Hazlo hoy, no lo dejes para mañana.

Momentos de esplendor, momentos de oscuridad, momentos de circunstancias adversas, momentos de difícil vuelta atrás, momentos de no reconocer al Maestro y momentos en que el Maestro se da a conocer serán los que viviremos todos este nuevo año 365 veces, que desembocarán para muchos en recibir a Jesús, y tristemente para otros muchos en seguir sin recibirlo en sus barcas. Recuerda, “Así que se dispusieron a recibirlo a bordo, y en seguida la barca llegó a la orilla adonde se dirigían.”

Con Jesús llegamos pronto a puerto seguro.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

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