sábado, 22 de febrero de 2020

No Hay Justicia


Las personas no reciben la justicia que demandan o merecen porque no hay justicia en este mundo. Es tan profunda la corrupción del ser humano que es imposible que una persona quede satisfecha con la justicia que imparten los tribunales. La razón es obvia: el que busca justicia y los que la imparten son personas con corazones tendentes al mal. Por muy bien redactada que esté una ley, nunca satisfará plenamente a las partes en litigio. Esta semana pude hablar con dos mediadoras en asuntos legales que, además, eran abogadas. Me llevé una gran sorpresa cuando una de ellas aseveró, sin dejar lugar a dudas, lo siguiente: “Aquí no hay justicia”, refiriéndose a los juzgados. La otra mediadora apoyó la frase sincera de su colega vívidamente. Es por eso que se dedicaban a la mediación dado que el grado de satisfacción de las personas al buscar la justicia acababa en total frustración. Ellas mismas estaban tentadas a “colgar la toga”, en sus mismas palabras.
Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo. (Mateo 15:14)
Los fariseos, religiosos de la época de Jesús, vivieron una vida tan incoherente que se asocia ser fariseo con ser hipócrita. Los hipócritas, en la antigua Grecia, son como se conocían a los actores teatrales. El fariseo era un actor que representaba una vida que no se correspondía con su prédica. Jesús les llama ciegos, no sólo a ellos, sino a todos aquellos que se dejan guiar por esos actores incongruentes. El destino final será el caer en el hoyo o en la trampa. ¿Qué se puede esperar de semejantes tipos que se auto engañan y se dejan engañar? El problema de la falta de justicia es el corazón del hombre: Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias (Mateo 15:19). Los fariseos se preocupaban por lo externo descuidando lo interno. Ponían como prioridad su apariencia, olvidando la espiritualidad. Si el corazón está podrido el look también, por muy a la moda que nos presentemos. De corazones corruptos no puede jamás salir una justicia que satisfaga totalmente a todas las partes. De personas que aman el qué dirán por encima de auto examinarse, no saldrá jamás justicia real. Es imposible.

Para que se dé la justicia real alguien debe morir. Sí, alguien ha de morir. Alguien tiene que morir a su vanidad, a su orgullo, a su deseo de justicia, a su sed de venganza… En fin, alguien ha de estar dispuesto a pagar el precio por sus malas acciones y por las malas acciones de otros. Se sea víctima o agresor se tiene que pagar el precio. Eso es una utopía en este mundo lleno de pecado. ¿Cuál es el precio? EL PERDÓN. El perdón es la solución a la falta de justicia. Este perdón hay que ejercitarlo hasta el punto que llegue a no afectar la agresión ni al agresor ni a la víctima. En ese estado de perdón llega el olvido de la afrenta y la reconciliación. Repito: Eso es una utopía en este mundo lleno de pecado. En ese mar de injusticia resplandece la justicia de JESUCRISTO. Él no es un guía ciego. Él es la Luz de este mundo. Al confiar en Jesús sé que no caeré en el hoyo ni en la trampa. Querido lector, si quieres verdadera justicia tienes que ponerte a cuentas con Dios por medio de Jesucristo. Él satisfizo plenamente la justicia divina al morir por ti y por mí en la cruz. En ese lugar de muerte se haya la justicia real para esta sociedad injusta. Jesús, el Justo, dio Su vida por los injustos. Él, que no pecó jamás, sufrió por nuestros delitos, pecados e injusticias. Hoy te llamo a buscarle de corazón. Hoy te llamo a arrepentirte de tus pecados. Hoy te llamo a seguir a Jesucristo. ¿Seguirás escondido en tu propia justicia injusta?

Busca el perdón de Jesús.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

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