Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en Él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna. Juan 3:16.

sábado, 16 de mayo de 2015

Fracaso

A la edad legal para acudir a filas fui para que me tallaran, es decir, para que me vieran, examinaran y tomaran medidas de las dimensiones de mi cuerpo. Los que habéis pasado por ello me entendéis perfectamente. Tuve que ir a tallarme dos veces. En la primera fui excluido temporalmente por obesidad y me dieron cita para un mes o unos meses después, no recuerdo bien. Lo que sí recuerdo es que de forma muy consciente añadí a mi peso, ya sustancioso, más peso. ¿Cómo lo hice? Comiendo hasta reventar. Objetivo: Librarme de la mili. Al volver a la segunda prueba vi como estampaban en mi informe “inútil”. Como militar soy un fracaso, y el ejército español no se andaba con chiquitas al expresarlo. ¡Inútil!

¡Fracasado!

La palabra inútil, grabada en mi expediente militar me sonó a una bella melodía. Llevo muy bien mi fracaso militar. Os lo puedo asegurar porque desde niño lo tuve muy claro. Me horrorizaba el solo pensamiento de verme prestando servicio por esos medios a mi querida patria. Aunque lo anterior, más que fracaso, fue todo un triunfo, el fracaso real es un peso para el alma que muchas veces puede llegar a graves consecuencias morales y físicas. Parece que desgraciadamente esos sentimientos de fracaso llevaron a Andreas Lubitz a estrellar el avión que pilotaba con ciento cincuenta personas a bordo recientemente.

Yo sé, y no me equivoco, que todos tenemos un historial de fracasos. Existen al menos tres motivos por los cuales fracasamos.

Por tender al pecado

He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre. (Salmos 51:5)

David no culpa a sus padres por haberlo engendrado de manera pecaminosa. David está reconociendo que el pecado está en sus genes. Es así de profundo el pecado que lo heredamos espiritual y genéticamente. Nuestra tendencia al pecado nos hace fracasar.

Por hacer caso a otros

… el diablo… Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira. (Juan 8:44)

Satanás nos calienta el oído mintiéndonos, cosa que hace todo el tiempo, con el fin de desanimarnos. Si sucumbimos a su influjo, ha triunfado. Lo mismo puede ocurrir con las influencias negativas de familiares, amigos y conocidos. Al creernos sus maldiciones fracasamos.

Por repetir patrones viciados

Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno. (2 Pedro 2:22)

¿Cuántas veces no habremos dicho que no imitaríamos lo viciado de nuestros padres o amistades? Para sorpresa nuestra hemos actuado de la misma mala manera que ellos. Al imitar estas actitudes nuevamente fracasamos.

Aquí vienen las buenas noticias.

Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz. (Colosenses 2:13-15)

¡MI FRACASO FUE ANULADO 
POR EL TRIUNFO DE JESÚS EN LA CRUZ!

Querido lector, Dios quiere que tus fracasos sean borrados del acta que te acusa debido a tus pecados. Sé que hoy el concepto de pecado no está del todo claro. Pecado es hacer lo contrario a la Ley divina y todos hemos fracasado en ese punto. Jesús triunfó en la cruz, por ello arrepiéntete y cree en Jesucristo si quieres ser salvo de la condena eterna.

Mi fracaso es Su triunfo.


¡QUE DIOS TE BENDIGA!

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