Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en Él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna. Juan 3:16.

sábado, 9 de mayo de 2015

Insatisfacción

Ayer mantuve una conversación de circunstancias con la enfermera que me atendía, de esas cuando no se sabe de qué hablar y por amabilidad se habla de lo primero que se nos ocurre. La conversación fue sobre el clima y el trabajo. Tópico típico, como en el ascensor. Me comentaba la enfermera que ahora venía el calor y lo fastidioso que era trabajar en verano. Lo cierto es que en la clínica estábamos tan agustito, como diría cierto personaje de la farándula televisiva, que me sorprendió que se quejase del calor o el frío.

¿Por qué lo normal es la queja y no el agradecimiento? Lo cierto es que en muy pocas ocasiones me he encontrado con personas agradecidas. Muchos no se dan cuenta de la buena vida que llevan y este síntoma muestra la insatisfacción existente. Se está insatisfecho porque nada llena al punto de satisfacer absolutamente. Todo termina cansando o hartando. La queja es la respuesta al final de ese camino de intentar hallar algo que nos satisfaga de verdad.

Teme, pues, a Dios y cumple sus mandamientos, porque esto es todo para el hombre. (Eclesiastés 12:13)

La actividad que cubre de forma integral todos los deseos humanos está en Dios, respetándolo y obedeciendo Sus mandamientos. Esto es lo que declara la Biblia en el texto que hemos leído antes. El todo es Dios porque Dios es todo. Él es el Creador de todo lo que existe, por lo tanto, somos creación Suya. De Él dependemos ya que preserva el universo para que funcione como un reloj, beneficiando de esa forma a cada persona y ser vivo. Sin Dios en el panorama humano nada tiene sentido, pues Él es todo.

Te parecerá radical o una tontería pero todo lo que disfrutamos es porque Dios lo permite. Nuestra familia, los amigos, el trabajo, el sol, el aire, los mares, una flor… Y Dios quiere disfrutar de nosotros por eso quiere darnos todo. Nos puso en el universo para amarnos y tener intimidad con cada uno, pero fallamos pecando y dándole la espalda. De tenerlo todo nos quedamos sin nada y con una profunda insatisfacción.

Pero Dios nos ama con amor eterno y ahora ofrece una segunda oportunidad a todos aquellos que deseen volver a casa, a Su casa. Jesucristo abrió las puertas celestiales para que pudiésemos entrar por ellas y disfrutar de total satisfacción al lado de quien lo es todo. El precio de la reconciliación fue muy alto porque satisfacer a Dios es infinitamente costoso. Solamente Jesús pudo llevar a cabo tamaña empresa y lo hizo con amor voluntarioso hacia nosotros.

¿Deseas vivir satisfecho? Teme a Dios y obedece Sus mandamientos. Cree en Jesús y arrepiéntete de tus pecados, de todos tus pecados, para que te puedas beneficiar de la Gracia salvadora de Jesucristo, es decir el favor que no merecemos pero que Dios lo da a espuertas porque su amor es infinito y por todos.

Teme y obedece.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

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