Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en Él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna. Juan 3:16.

sábado, 2 de mayo de 2015

Día del Trabajo

Ayer se celebró en la mayoría de los países lo que se llama de forma oficial Día Internacional de los Trabajadores, o como más comúnmente se lo conoce, Día del Trabajo. ¿Qué motivó tal celebración? Sentí curiosidad y me informé en la Wikipedia. La historia es como sigue: el 1 de mayo de 1886 se inició una huelga de los trabajadores en la ciudad de Chicago. Fueron los primeros en reivindicar la jornada laboral de ocho horas. El día 4 se produjo un atentado contra los trabajadores donde un número desconocido fue herido o asesinado.[1]

La búsqueda de mejoras por parte de los trabajadores se cobró las vidas de muchos de forma sangrienta. El costo fue muy elevado y hoy día, gracias a tal sacrificio, nosotros podemos disfrutar de lo que a ellos se les negó por medios tan crueles. El Día del Trabajo es una jornada reivindicativa en homenaje a los Mártires de Chicago por acuerdo del Congreso Obrero que se celebró en París el año 1889, con lo cual, estamos recordando en este día una tragedia que dio paso a una bendición: la muerte hizo posible la jornada laboral de ocho horas.

¿Qué dice la Biblia, la Palabra de Dios, sobre el trabajo?

Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo. (Juan 5:17)

Dios es el primer trabajador incansable. Dios no trabaja por dinero, ya que Suyo es todo lo que existe. Dios no trabaja para ganar puestos de mayor responsabilidad o eminencia, porque tiene el mayor título del universo y del cielo, DIOS. Dios trabaja por amor a nosotros. Su labor siempre es en favor nuestro. Vemos el trabajo de Dios por nosotros en dos aspectos.

Su obra creadora

Cuando Dios creó el universo pensó en nosotros, pues al crear la tierra puso el medio ambiente idóneo, es decir, ideó la luz, el oxigeno, el agua y los alimentos para que desarrollásemos vidas plenas.  Pero eso no es todo, Dios dispuso un plan de trabajo para nosotros. Si Él, siendo Dios, es un trabajador, nosotros no íbamos a ser menos. El mandato de Dios, que regula nuestra jornada laboral, es el siguiente:

Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. (Génesis 1:28)

El trabajo es una bendición directa de Dios. Por eso dice la Biblia “Y los bendijo Dios”. Dios nos puso como administradores de Su creación con el fin de extraer de ella el mayor provecho estando ocupados y no ociosos. Dios crea el lugar idóneo para nosotros y nos delega el trabajo de administrarlo. El segundo aspecto del trabajo de Dios por nosotros es…

Su obra salvadora

¿Si Dios creó todo perfecto por qué existen las malas hierbas?

Poco después de que el ser humano recibiese el encargo de Dios de trabajar a favor de Su creación, metió la pata. Esa metedura de pata, según la Biblia, es PECADO. El pecado no es otra cosa que hacer lo que me viene en gana y de esta forma desobedecer la Ley establecida por Dios. Hazte esta simple pregunta: ¿Me importa obedecer a Dios? Si no te importa un pimiento eso te aclarará tu situación de pecado, y cómo no, al igual que Adán y Eva fueron desterrados del paraíso, tu vida está desterrada del cielo. Desde que pecamos toda la creación fue maldita por nuestra culpa. Las malas hierbas existen por nuestra culpa. La muerte existe por nuestra culpa. La tierra está herida de muerte porque está maldita por nuestro pecado.

Desde ese instante Dios trabaja a favor de nuestra salvación porque la muerte, consecuencia del pecado es, en definitiva, vivir eternamente separados de Dios. Por lo tanto, el objetivo de Dios es salvarnos, y lo hace por amor. ¿Salvarnos de qué? Del infierno. El infierno es el destino de todos aquellos que viven sus vidas sin tener en cuenta la voluntad de Dios. Jesucristo vino para salvarnos del infierno. Por medio de Su obra en la cruz nos abrió las puertas del cielo con tan solo arrepentirnos de nuestros pecados y creer en Cristo como único Salvador y Señor.

Los mártires de Chicago, de forma involuntaria, pagaron con sus vidas el que los trabajadores tuviesen un mejor estatus. Jesucristo se sacrificó voluntariamente a favor nuestro para que recobrásemos el estatus que teníamos en el Edén y de esa manera recibirnos en el cielo. A los creyentes nos toca ser administradores de la obra salvadora de Jesús. Ahora toca no fallar. Jesús nos ha delegado este trabajo.

Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén. (Mateo 28:18-20)

Dios trabaja por amor. Hagamos nosotros lo mismo.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

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