Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en Él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna. Juan 3:16.

sábado, 30 de abril de 2016

Hierba Seca

Lo nuestro por estos lares es un paseíto. Cuando niño veía a la muerte como algo muy distante, algo casi imaginario. Hoy en día es más cercana y real. Un día me moriré. Un día te morirás. Se dice en nuestra cultura que la muerte es la única verdad a la cual no tenemos argumentos para rebatir. Estoy convencido que la muerte es la única cuestión que nos hace replantearnos nuestra existencia en términos de valor y propósito.

Toda carne es como hierba, y toda la gloria del hombre como flor de la hierba. La hierba se seca, y la flor se cae. (1 Pedro 1:24)

La vida es corta, muy corta. Ayer jugaba con mis amigos y hoy “juego” con las responsabilidades diarias. La Biblia nos afirma que nuestro paso por la vida es efímero. Nos secamos pronto como la hierba. Nos marchitamos rápido como una flor. La vida es como un relámpago y nuestro destello son milésimas de segundo al compararlo con la eternidad.

Hasta el momento de secarnos o marchitarnos tenemos valor y propósito. Dios nos creó, por lo tanto, tenemos propósito en la vida. Dios nos amó, por lo tanto, tenemos valor en la vida. Dios nos ha destinado para un propósito eterno y nos ha amado para darnos valor. Para Dios, tú y yo, somos valiosos.

Gracias (¡y digo gracias!) a que nos secamos y marchitamos Dios nos regala momentos para meditar en Su oferta de salvación. Morimos porque hemos pecado contra el mismo Dios eligiendo nuestras propias formas de actuar, al margen de Su voluntad para cada uno de nosotros. Debido a que nos separamos por voluntad propia de la Fuente de la vida, la perdimos. Pero Dios no se cruzó de brazos…

Mas la palabra del Señor permanece para siempre. Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada. (1 Pedro 1:25)

Dios no cambia. Él no se seca ni marchita. Él siempre está lleno y vibrante de vida. ¡ÉL ES ETERNO! Muestra de ello es que Sus palabras no han cambiado a pesar de que nosotros sí. Él mantiene Su propósito hacia nosotros y nos sigue dando valor por medio de Su amor. El propósito de Dios es transformarte a la imagen de Su Hijo Jesús y darte valor, amándote por medio de sacrificar en una cruz a Su Hijo por ti. Dios desea compartir Su vida eterna contigo. Dios no quiere que mueras y ha preparado el camino por medio de Jesucristo.

Querido lector, pide perdón a Dios por tus pecados reconciliándote con Él y pon tu fe en Jesucristo, que es el único que te puede llevar al Cielo tan deseado por todos. De esta forma secarse y marchitarse dará paso a la vida, como una crisálida que se trasforma en algo más bello. Si rehúsas la oportunidad te secarás y marchitarás pasando como la hierba y la flor: nadie se acordará de tu paso por aquí y nadie sabrá de tu existencia en el Cielo. Medita seriamente sobre esto.

Somos un suspiro.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

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